Regresar

Retribución

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Y dijo Faraón a José: Yo soy Faraón; y sin ti ninguno alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto. Génesis 41:44.

El copero prometió gestionar la liberación de José. Pero cuando recuperó sus privilegios se olvidó de él (Gén. 40). Era parte del plan de Dios. Pasaron dos años.

Una noche, el Faraón tuvo sueños, llamó a sus magos y adivinos y se los contó, pero estos no pudieron descifrarlos. Entonces Dios abrió la memoria del copero. Se acordó de José, y lo recomendó ante el Faraón. Este ordenó traer a José a su presencia y le relató los sueños: Había soñado que siete vacas gordas eran devoradas por siete vacas flacas, y que siete espigas llenas de grano eran devoradas por siete espigas vacías.

Entonces José habló. El Faraón había soñado dos veces lo mismo porque el asunto era vital para el reino. Los dos sueños tenían un solo significado: Habría en Egipto siete años de abundancia y luego siete años de escasez. Las vacas robustas representaban la abundancia, y las vacas flacas y enfermas la escasez. El acto de devorar a las vacas robustas indicaba que en tiempos malos el imperio subsistiría del grano almacenado. Lo mismo significaban las siete espigas repletas devoradas por las espigas vanas.

José recomendó al gobernante elegir un administrador capaz de enfrentar la crisis. El Faraón no titubeo. Vio en José al hombre ideal, sabio y temeroso de Dios. Lo nombró gobernador de Egipto, le quitó el nombre hebreo: “Dios añada”, y lo llamó Zafnat-panea, “preservador del siglo”, y ordenó que todos se postraran ante él.

José se mudó al palacio, se casó, y comenzó su gestión.

José prosperaba en cualquier lugar. Sobresalía y daba a su Dios el reconocimiento y la alabanza. Dios lo consideró digno del don profético. Sé digno tú del don que Dios quiera concederte.