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Decisión

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Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Mateo 4:19, 20.

Dos parejas de hermanos jóvenes invirtieron en la pesca: Pedro y Andrés, y Santiago y Juan. Santiago y Juan eran jornaleros de su padre Zebedeo. Ellos no eran santos. Hablaban el lenguaje de los muelles. Los hijos de Zebedeo no tenían mucho control de sus emociones. Cuando se enojaban eran una amenaza. Si vivieran, hoy serían buenos contrincantes de Conor McGregor. Jesús los llamó “hijos del trueno” (Mar. 3:17).

      Un día llegó Juan el Bautista y atrajo la atención de todo el país. Aun los pescadores del norte fueron al sur a escuchar sus mensajes provenientes de Dios. Juan decía la verdad sin eufemismos. A los fariseos y saduceos los llamó “generación de víboras” (Mat. 3:7). Ni el mismo rey Herodes Antipas se libro de la censura, pues Juan dijo que Herodes era adúltero e incestuoso, porque tenía a la mujer de su hermano Felipe (Mat. 14:3, 4). Sobre todo, Juan anunciaba al Hijo de Dios, quien bautizaría con Espíritu Santo y fuego. Cuando el Hijo de Dios se presentó ante Juan, este lo bautizó (Mat. 3:13-16).

A estos jóvenes pescadores les gustó el mensaje de Juan y lo siguieron. Un día vieron a Jesús, quien regresaba del desierto, donde había estado en comunión con su Padre durante cuarenta días. El Bautista volvió a llamarlo “Cordero de Dios” (Juan 1:36), y Andrés y Juan lo siguieron. Pedro y Santiago también, y otros dos pescadores, Felipe y Natanael. Estos jóvenes anduvieron con Jesús, oyeron sus palabras de vida eterna y vieron sus milagros, pero regresaron a pescar.

Un día, una terrible noticia sacudió su fe: Juan el Bautista estaba preso por orden del rey Herodes. Mientras realizaban su trabajo, se acordaban de Juan y les dolía su suerte. Ahí los encontró Jesús. Pedro y Andrés intentaron pescar durante la noche, pero las redes permanecieron vacías. Jesús le dijo a Pedro que echara la red a la derecha, y la red se llenó de peces. Pedro reconoció su divinidad. Jesús los llamó a ir con él, y les prometió enseñarles a pescar hombres. Más adelante, encontró a Juan y Santiago remendando las redes, y los llamó también (Mar. 1:16-20). Ellos se fueron con su Maestro, y su caminata con él alcanzó la eternidad.

Jesús te está llamando. Síguelo.