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Libertad

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La verdad os hará libres. Juan 8:32.

Jesús dijo estas palabras respecto a la liberación del más pesado de los yugos: el yugo del pecado. Él trajo la libertad al mundo. Jesús es también el caudillo de todas las causas libertarias auténticas. Todos los oprimidos que luchan por ser libres deben cobrar ánimo sabiendo que en lo que respecta al ideal, él está de su lado.

Todo lugar donde hay hombres debiera ser un lugar de libertad, pero no es así. Dios hizo al hombre, y el hombre hizo esclavos. Pero hay un país donde la ley protege al perseguido: los Estados Unidos de América. Francia reconoció este aporte, por eso le obsequió la Estatua de la Libertad. En su pedestal está grabado el poema de una joven de origen judío y latina: Emma Lázaro.

En 1883 hubo una actividad de recaudación de fondos para financiar el pedestal de la Estatua de la Libertad. Entre las actividades, habría una subasta de manuscritos originales de los mejores autores. Walt Whitman, Mark Twain y otros contribuyeron con manuscritos originales, pero la oferta más alta, de 1.500 dólares, fue recibida por un soneto escrito en esos días por la joven Emma Lázaro, recién llegada de un viaje a Europa, donde vio la persecución de judíos y otros grupos. Este es un fragmento:

Dame tus cansadas, tus pobres,

tus hacinadas multitudes

anhelantes de respirar en libertad,

el desdichado desecho de tu rebosante playa.

Envíame a estos desamparados que empujó la ola;

¡yo alzo mi lámpara detrás de la puerta dorada!

Es tiempo de infundir nueva vida a este poema, a mi juicio, el himno más glorioso de los Estados Unidos. Es tiempo de juntar a los inmigrantes a quienes se les niega el derecho de permanecer en los Estados Unidos, y escucharlos recitar en un inmenso coro el poema de la joven latina de origen judío que completó el monumento libertario, porque una estatua tan emblemática no debía permanecer muda.