Regresar

Pureza

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1 Timoteo 4:12.

En 18 a.C., ocurrió una anécdota que Séneca y Plinio registraron. AugustoCésar estaba de visita en la mansión de un hombre rico llamado Vedio Polión, a orillas del Mediterráneo. Para agasajar al emperador, Vedio había organizado un espectáculo que refleja la degradación de Roma: arrojar a un hombre a las lampreas, unas anguilas devoradoras de seres humanos. De pronto, a un esclavo llamado Catón, se le cayó un fino vaso de cristal, el que se hizo añicos, y Vedio Polión tuvo su víctima. Pero cuando dio la orden, el emperador lo prohibió y mandó que vaciaran el estanque de las lampreas y que hicieran añicos toda la vajilla.

El emperador Augusto tenía sensibilidad. Era un hombre austero, que intentó detener la degradación de los cortesanos y ricos señores del imperio. Nosotros también estamos expuestos a espectáculos degradantes. El morbo es un gran negocio. Hoy existen peleas de gallos y de perros, corridas de toros, peleas de hombres y de mujeres, con ganancias millonarias. También muchos espectáculos musicales son morbosos, y algunos noticieros. Hay ropa morbosa, juguetes que alimentan el morbo, revistas que lo excitan.

Dios no quiere que te ensucies con el morbo, esa tendencia obsesiva hacia lo desagradable, lo cruel, lo prohibido. Él te recomienda algo mucho mejor: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8). La pureza no está reservada para los ministros o los adultos. Tú también puedes ser una persona juiciosa, recatada y modesta. “Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta” (Prov. 20:11).

Que todos te conozcan por tu virtud. Sigue el consejo dado por San Pablo a Timoteo: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12).