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Prudencia

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Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. Eclesiastés 5:5.

La hija de Jefté se quedó soltera. Su padre la metió en problemas. Antes de salir al combate contra los amonitas, Jefté hizo una promesa. La Escritura dice: “Y Jefté hizo voto a Jehová, diciendo: Si entregares a los amonitas en mis manos, cualquiera que saliere de las puertas de mi casa a recibirme, cuando regrese victorioso de los amonitas, será de Jehová, y lo ofreceré en holocausto” (jue. 11:30, 31).

Dios le concedió la victoria. “Entonces volvió Jefté a Mizpa, a su casa; y he aquí su hija que salía a recibirle con panderos y danzas, y ella era sola, su hija única; no tenía fuera de ella hijo ni hija” (vers. 34).

Jefté actuó con gran imprudencia. Dios no le exigió nada. Además, prometió en sacrificio al primero que saliera a las puertas de su casa. ¡Qué manera de agriar la fiesta! Es obvio que tenía que salir a recibirlo alguien a quien amaba.

La Escritura narra lo que dijo ella al enterarse de aquel voto: “Padre mío, si le has dado palabra a Jehová, haz de mí conforme a lo que prometiste, ya que Jehová ha hecho venganza en tus enemigos" (vers. 36).

Algunos suponen que la hija de Jefté fue sacrificada en un altar; lo más seguro es que se quedó soltera, porque ella le dijo a su padre algo relacionado con su estado civil, no con su vida. “Déjame por dos meses que vaya y descienda por los montes, y llore mi virginidad, yo y mis compañeras. El entonces dijo: Ve. Y la dejó por dos meses. Y ella fue con sus compañeras, y lloró su virginidad por los montes. Pasados los dos meses volvió a su padre, quien hizo de ella conforme al voto que había hecho. Y ella nunca conoció varón” (vers. 37-39).

La hija de Jefté en verdad fue ofrecida en sacrificio: la soltería. Las mujeres en Israel querían tener hijos, sobre todo, un varón, porque ese niño podría ser el anhelado Mesías. Ese voto irracional no fue ignorado. El escritor sagrado lo registró en la Escritura porque se trató de algo muy doloroso para todos.

La Biblia nos amonesta a cumplir nuestras promesas: “Cumple lo que prometes” (Ecle. 5:4). Pero no nos exhorta a hacer promesas: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas" (vers. 5).