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Sumisión

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Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud. Eclesiastés 12:1

Mi rey Ezequías estaba enfermo e iba a morir. Él lo sabía, el profeta Isaías fue a decirle: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás” (2 Rey. 20:1).

Ezequías reaccionó como reaccionarias tú. Lloró, gimió, y le rogó a Dios que le prolongara la vida. Dios lo escuchó y le dio quince años más. No funcionó. El tiempo de Dios era el mejor. Ezequías se curó, y las noticias del milagro llegaron hasta Babilonia, de donde vinieron emisarios del rey a felicitarlo.

Pero el rey de Judá no dio gloria a Dios. En vez de hablarles a los paganos del poder y el amor de su Dios, les mostró sus tesoros. Cuando se fueron los babilonios, Dios envió a Isaías a preguntarle a Ezequías: “¿Qué vieron en tu casa?" y él respondió: “Vieron todo lo que había en mi casa; nada quedó en mis tesoros que no les mostrase" (vers. 15).

“Entonces Isaías dijo a Ezequías: Oye palabra de Jehová: He aquí vienen días en que todo lo que está en tu casa, y todo lo que tus padres han atesorado hasta hoy, será llevado a Babilonia, sin quedar nada, dijo Jehová. Y de tus hijos que saldrán de ti, que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia" (vers. 16-18).

En vez de dar gloria a Dios y llevar a los visitantes ante el sumo sacerdote para que les hablara del Dios verdadero, Ezequías les alimentó la codicia. Esos emisarios le dijeron a su rey que Israel tenía valiosos tesoros. Con el tiempo, los ejércitos babilonios vinieron a Jerusalén y se los llevaron todos.

Además, en ese tiempo añadido, Ezequías engendró a un monstruo llamado Manasés, de quien las crónicas dicen: “Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel” (2 Rey. 21:9).

Sí, el tiempo de Dios siempre es mejor. Ezequías debió aceptar la voluntad divina respecto al fin de su vida.

Que Dios te conceda la conformidad con su voluntad, porque eso es lo mejor.