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Amor fraternal

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! Salmón engendró de Rahab a Booz, Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David. Mateo 1:5, 6.

Salmón fue un héroe de Israel y también un abanderado de los derechos humanos. Se casó con una mujer que tenía varias diferencias con los hebreos. Rahab era cananea, y había sido idólatra y ramera,

Pero Salmón no vio el pasado de Rahab, vio su presente. Ella arriesgó su vida por su pueblo. Escondió a dos espías hebreos que fueron a espiar Jericó y casi le costó la vida. Los espías pactaron con Rahab para salvarse mutuamente. Si ella no los delataba, los escondía y los ayudaba a salir a salvo de la ciudad, ellos la rescatarían cuando invadieran Jericó. Y así fue.

Salmón y su Dios vieron en Rahab una nueva criatura. Dios miró su futuro, lo que iba a llegar a ser: un eslabón en la genealogía del Redentor. Y Salmón vio en ella a la madre de sus hijos.

Salmón y Rahab se casaron y tuvieron un hijo llamado Booz, el futuro esposo de otra extranjera de origen pagano: Rut.

Rut fue nuera de Rahab.

Así que en la familia de Jesús hubo dos paganas e idolatras conversas. No importa. A Dios no le importa el pasado de la gente, sino su fe. En realidad, cuando alguien nace de nuevo, el pasado muere. Dios no lo ve. Eso nos pasó también a nosotros cuando creímos. Después del nuevo nacimiento y el bautismo, todos estamos parejos. Comenzamos una nueva vida.

¡Oh, si pudiéramos pensar como Dios piensa! Salmón no tuvo prejuicios contra Rahab, tuvo amor. Booz no tuvo prejuicios contra Rut, tuvo amor. La próxima vez que una persona enlodada en el pantano de la vida mundanal venga a la iglesia, no la trates como una mosca entrometida en un banquete; no eches mano del matamoscas que muchos cristianos tienen en la lengua; trátala como a ti te gusta que te traten. Dios puede transformar a esa persona en una joya para su corona.