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Vida

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Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:27.

Un joven estaba muy molesto con su madre, y para hacerla sufrir decidió suicidarse. Buscó una rama de un árbol que soportara del peso de su cuerpo, consiguió una cuerda, y cuando estaba por anudársela al cuello, pensó: Mi mamá va a estar triste por unos días, y después se consolará, pero yo permaneceré muerto. Así que el joven soltó la cuerda y se fue a su casa a reconciliarse con su madre.

Un amigo mío estaba hablando de sus planes. Dijo que después de todas las diversiones y aventuras que esperaba correr, iba a pegarse un tiro. Un familiar suyo que lo estaba oyendo sacó una pistola mientras le decía: “¡Mátate de una vez!”. El futuro suicida respondió: “Me voy a matar cuando yo quiera”.

No queremos morir. El pensamiento de la muerte es perturbador. Aunque no sea fácil, o precisamente porque no es fácil, valoramos la vida.

La vida es una maravilla porque proviene de Dios. Muchos científicos afirman que la vida surgió por azar, pero no es así. Algunos se atreven a explicar su origen.

Un pastor hablaba con un partidario del origen de la vida por medio del azar, y este le dijo: “Le voy a explicar cómo surgió la vida”. El pastor accedió a escucharlo. El hombre puso agua en una tina, y comenzó a hablarle de la teoría de la célula en el fondo del mar, de la proteína, de la ameba, y mientras explicaba movía el agua con un palito. La explicación continuó hasta que según él llegó a formarse el hombre. Entonces el seudocientífico le preguntó al pastor: "¿Verdad que tiene sentido?" Y el pastor le preguntó: “Solo falta que me diga quién movió el palito".

Por supuesto que Dios no utilizó la evolución para crear la vida, pero la respuesta del pastor fue ingeniosa. Nosotros creemos que Dios creó la materia de la nada, que creó a Adán de la tierra y el soplo de vida, y que no hubo un proceso de evolución largo y complejo. No creemos que provenimos de un primate desarrollado, sino que en nuestro ser llevamos grabadas las huellas dactilares de Dios.