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Revelación

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Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; más las reveladas son para nosotros. Deuteronomio 29:29.

Las matemáticas de Dios son diferentes a las nuestras.

Con Dios, 10 menos 1 es 0; me refiero a la transgresión de alguno de los Diez Mandamientos.

Con Dios, 1 más 1 es 1; me refiero al matrimonio.

Con Dios, 1 más 1 más 1 es 1. Así expresa la Biblia la doctrina de Dios.

En el primer caso, se trata de la moral. Basta con transgredir un mandamiento de la Ley para ofender al Legislador, y para acarrearnos la condenación. Los Diez Mandamientos son el amor expresado en preceptos para que podamos captar mejor la voluntad de Dios respecto a las relaciones con él y con el prójimo.

En el segundo caso, el que cada uno sea un individuo y al juntarse en matrimonio los dos sean uno es un misterio. Solo Dios lo entiende. Nosotros lo llegamos a experimentar, pero no podemos explicarlo, porque los misterios no pueden ser agotados.

En el tercer caso, esta aproximación al misterio de la Divinidad ha de ser muy reverente. Decimos lo que la Biblia dice, y si no lo explica no podemos explicarlo. La Biblia dice que hay tres Personas divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mat. 28:19). Dice que estas divinas Personas son uno, aunque tengan existencia independiente. Hay unidad plena entre ellos.

Lo que no sabemos es más que lo que sabemos. Vivimos inmersos en misterios. La vida es un misterio, y también la muerte. La Deidad es un misterio, el más insondable. La iniquidad es un misterio. La piedad también. La contemplación de cualquiera de estos misterios nos abruma, nos hace reconocer nuestra ignorancia, pero hay que explorarlos.

El misterio de la encarnación, por ejemplo, es un misterio insondable, pero no por ello hemos de pasarlo por alto, pues se trata de nuestra redención. En la contemplación de la gloria de Dios manifestada en el pesebre hay mucha ciencia, mucho amor, mucha humildad. Este misterio nos dice cuán valiosos somos para Dios. Que su Hijo haya descendido a la condición humana, que haya dejado sus privilegios divinos para ser uno con nosotros los pecadores, nos honra y nos dice que somos valiosos.

Sin Dios somos nada. Con él somos mucho.