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Procura no ser engañada

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Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. 2 Corintios 11:3.

EVA

El apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos advierte ante uno de los instrumentos predilectos de Satanás: el engaño. Esta fue el arma mortal utilizada en el Edén, y continúa siendo hoy tan letal como lo fue al principio. Una y otra vez la Palabra de Dios nos advierte en contra del engaño. El mismo Señor Jesús advierte a sus discípulos diciéndoles: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4).

Eva fue creada sin defecto, pero en el momento decisivo no se dio cuenta de que la serpiente le estaba tendiendo una trampa. El razonamiento humano no bastaba para enfrentar a un astuto y despiadado enemigo. Eva no advirtió que en un instante sus pensamientos se apartaron de los dos grandes principios de la ley de amor: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente... y... amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

En primer lugar, Eva no debió haber dudado de las palabras de advertencia de su Creador: “Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). En segundo lugar, no debió haber olvidado que ella formaba parte de una unidad llamada humanidad. Ella era el complemento de Adán, la mitad de un todo. Adán necesitaba a Eva como ella a él. Eran dos seres con capacidades independientes pero interconectadas, creados para dar gloria a Dios y ayudarse mutuamente.

Las consecuencias del engaño aún persisten, pero el Espíritu Santo trae la verdad de Jesús a nuestros corazones. Decide hoy que le permitirás a Dios cumplir su voluntad en tu vida, reconociéndote como su hija y heredera del reino. Decide también retomar tu verdadero lugar como miembro esencial de la sociedad. Hay ciertas cualidades, habilidades y virtudes que el Señor, en su sabiduría, te concedió solo a ti que eres mujer.

Es tiempo de utilizar nuestros talentos en todo lugar donde él nos llame y nos lleve, ya sea en el hogar, en el lugar de trabajo, y sobre todo, en la proclamación del evangelio. ¡Escucha la voz de Dios! - LF


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