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El silencio de una madre

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Entonces Moisés dijo a Aarón, y a Eleazar e Itamar sus hijos: No descubráis vuestras cabezas, ni rasguéis vuestros vestidos en señal de duelo, para que no muráis, ni se levante la ira sobre toda la congregación; pero vuestros hermanos, toda la casa de Israel, sí lamentarán por el incendio que Jehová ha hecho. Levítico 10:6.

ELISEBA

Hoy comentaremos un capítulo triste y doloroso en la vida de Eliseba. Dos de los hijos que ministraban en el sacerdocio con su padre, Nadab y Abiú, profanaron el Santuario. La Biblia dice que “ofrecieron delante de Jehová fuego extraño" (Levítico 10:1); es decir, no obedecieron las solemnes órdenes respecto a su sagrado oficio, y la santidad de Dios los consumió.

El texto bíblico de hoy registra la orden de Moisés a Aarón, y su familia, de no expresar señal alguna de duelo por la muerte de estos jóvenes. ¿Te imaginas el dolor de Eliseba? Aunque aceptaba la orden divina, su corazón debe de haber estado destrozado. Dios también sufría. Aunque no se menciona el sufrimiento de Eliseba por la pérdida de sus hijos, podemos imaginar el desconsuelo de su alma.

Hay en la vida circunstancias tan graves y duras que la única respuesta pertinente es el silencio. Creo que esa fue la alternativa que le quedó a Eliseba. La vida debía continuar. Ahora tenía que refugiarse en su esposo y en sus otros dos hijos, Eleazar e Itamar.

Para Dios, el castigo o la separación final de uno de sus hijos representaba una obra extraña. A la vez que Dios respeta nuestro libre albedrío, no deja de ser sensible, por su carácter de amor, ante el hecho de que sus hijos escojan el camino que conduce a la muerte.

Si te hallas en una encrucijada espiritual, aún hay esperanza. Jesús desea entrar en tu corazón, y te manifiesta su gracia persistente por la que te ofrece vida eterna. No pospongas tu respuesta afirmativa. Si eres madre, es probable que a toda hora tu alma eleve una súplica silenciosa a Dios pidiendo misericordia para tus hijos. No desmayes; nuestro amante Padre celestial está más que dispuesto a dar respuesta a esa oración. ¡Él quiere salvarnos! -LF