Regresar

Mujer de gran visión

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida. 1 Samuel 1:11.

ANA

Ana buscó y encontró refugio en la casa de Jehová. Clamó al Dios Todopoderoso con un intenso deseo de ser escuchada, y mezcló sus súplicas con llanto. Mientras tanto, Elí, el sumo sacerdote, la observaba. La corrupción era tan generalizada en Silo que Elí no supo identificar a un alma atribulada. Pensó que se trataba de una mujer ebria, y en tono despectivo le dijo: “¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino” (1 Samuel 1:14).

Ana respondió: “No, Señor mío, yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No tengas a tu sierva por mujer impía, porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora" (vers. 15, 16).

¡Qué valiosa lección nos ha dado Ana! Ella no comentó su problema con sus vecinas ni criticó a su esposo, a quien amaba y respetaba, sino que llevó el asunto a su padre Dios para que él la socorriera y le diera el hijo que pedía.

Dios podría haberle dado a Ana el hijo que le pedía desde mucho antes, pero para capacitar a la mujer que prepararía a uno de los más grandes profetas de Israel, prefirió esperar a que ella dependiera por completo de él y que dejara todo en sus manos.

Dios no es negligente. Siempre vela por el bienestar de sus hijos. Así como preparó a Sara, a Rebeca, a Raquel, a Jocabed y a muchas otras santas mujeres, habría de capacitar a Ana para que cumpliera fielmente su ministerio familiar, preparando a su hijo para el servicio de Dios.

Toda mujer que ama a Dios y le concede el primer lugar en su vida, se esforzará en labrar en sus hijos un carácter semejante al de Jesús. —AC