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Mujer y esposa

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El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Proverbios 31:11, 12.

MUJER VIRTUOSA

El esposo de una mujer virtuosa confía en ella porque sabe que en sus manos el dinero no se esfumará, sino que se multiplicará. Esto no se puede decir de la mayoría de los maridos de hoy. No pueden confiar en sus esposas (y muchas veces ellas no pueden confiar en ellos). Poder confiar plenamente en el cónyuge es uno de los fundamentos básicos de un matrimonio que honra a Dios. Martin Lutero dijo de su esposa: “El mayor don de Dios sobre la tierra es una esposa piadosa, alegre, temerosa de Dios y hogareña, con la que puedes vivir en paz, a la que puedes confiar tus bienes, tu cuerpo y tu vida”.*

Hay dos razones por las que el corazón del marido puede confiar en su esposa virtuosa. La primera razón se encuentra en el versículo 11: “No carecerá de ganancias”. La segunda en el versículo 12: “Le da ella bien y no mal”. Toda esposa virtuosa será cuidadosa al calcular los gastos de su casa: alimentación, ropa, transporte, educación... Es sabio trazar un plan que incluya los ingresos y los gastos, sumar ambas columnas y lograr que las entradas sean mayores que las salidas. Siempre hay que apartar primero la décima parte de los ingresos para devolverlo al divino Proveedor, tal como indica su Palabra. Si ella cuida bien el dinero, él podrá confiar todo cuanto tiene a ella, y también le confiará su familia.

No te dejes llevar por lo que otras hagan con su dinero. Proponte comprar cuando tengas dinero; si no tienes, comienza a ahorrar hasta que tengas suficiente para adquirir aquello que deseas. Compra con antelación y no cuando ya es una necesidad imperiosa. Al hacer las compras repentina o espontáneamente, incurrimos en mayores gastos, pues compramos al precio que sea y no cuando el precio ha bajado. Hay que comprar sabiamente, no ser compradoras compulsivas.

Pidámosle sabiduría al divino Espíritu de Dios a fin de ser esa esposa virtuosa para nuestro esposo que Dios desea que seamos, para su honra y su gloria. –AC

*Charles Bridges, Proverbs (Wheaton, Illinois: Crossway Publishing, 2001).