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Mujer responsable

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Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Proverbios 31:15.

MUJER VIRTUOSA

Creo que la mayoría de las mujeres somos responsables. Todo lo que se les confía a las damas cristianas lo hacen con gusto y sentido de responsabilidad. Pero también creo que siempre hay algo en qué mejorar. Este es un consejo que resulta fácil seguir: ¡levantarnos muy tempranito, aun cuando todavía está oscuro! A mí me cuesta mucho, en esta época de mi vida, levantarme muy temprano, pero se trata de un consejo sabio que nos conviene seguir, porque es para nuestro bien y el bien de nuestra familia.

Lo primero a considerar es la imperiosa necesidad de planear bien nuestro día: irnos a la cama temprano para poder levantarnos temprano. Hagamos un programa a seguir para cada día. Haciendo esto, encontraremos tiempo para hacer muchas cosas que pensábamos que no nos daría tiempo hacer. Para esto habrá que apagar la televisión, la computadora y el teléfono, y vale la pena hacerlo.

En cuanto a alimentar a la familia, es necesario pensar los menús para la semana. Procuremos incluir una variedad de alimentos que nutran bien a nuestra familia. Acostumbro decir en mis seminarios: “No es servirles frijoles hoy, habichuelas mañana y porotos pasado mañana". ¡Alimentarnos bien es un arte! Es algo de lo que debemos estar más orgullosas que de nuestro vestido, vivienda o auto.

Por poco que tengamos, siempre hay quienes tienen menos que nosotras, por lo que hay que velar por las necesidades de otros, no solo materiales, sino emocionales y sobre todo espirituales. No dejemos de ser un faro para quienes son menos afortunados que nosotras, ya sea un mendigo en la calle, un vecino que está pasándolo mal, una compañera de trabajo o nuestro hermano o hermana que tiene menos que nosotras.

Jesús, nuestro máximo ejemplo, siempre buscó relacionarse con los menos afortunados y los marginados de su tiempo. Nuestro gozo es reflejar a nuestro Maestro cada día, en todo cuanto hacemos. Ciertamente, solas no lo podremos lograr, pero tenemos una gran fuerza: el poder del Espíritu Santo. Solo tenemos que pedirlo diariamente.

Dios está más que dispuesto a ayudarnos a lograr ser mujeres virtuosas que lo representemos cada día con nuestros hechos y palabras, comenzando en nuestro hogar y luego fuera de él. -AC