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Mujer respetuosa

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Su esposo es bien conocido en la ciudad, y se cuenta entre los más respetados del país. Proverbios 31:23 (DHH).

MUJER VIRTUOSA

Charles Spurgeon fue uno de los predicadores más famosos de la historia, por eso tenía que viajar con frecuencia. A veces el pastor Spurgeon se sentía culpable por no pasar mucho tiempo con su familia. Cierta vez, cuando regresó a casa después de un largo viaje, temía encontrar a sus hijos corriendo por toda la casa, que estaría desordenada, y que su esposa Susana andaría por ahí, platicando por el vecindario. Pero se llevó una grata sorpresa: la casa estaba limpia, y se podía escuchar a su esposa en la planta alta, orando con sus hijos. Entonces Spurgeon se dijo a sí mismo: “No tengo que preocuparme por nada de la casa; mi esposa puede controlar todo aquí. Estoy libre para predicar la Palabra de Dios”.

Cuatro miembros de la familia Spurgeon fueron predicadores también, todo porque la esposa cumplió su deber en el hogar, aun en la ausencia del padre de la familia.

La mujer virtuosa sabe respetar a su esposo y lograr que otros lo vean con admiración y respeto. Jamás su conducta avergüenza a su esposo o a su familia. Es recatada, y nunca se queja de él con otras personas o con sus hijos; más bien habla de sus logros y sus virtudes. Lejos de criticarlo, se interesa en aquello que le interesa a su esposo, le sugiere lo mejor, y le infunde ánimo en los momentos de crisis.

La esposa virtuosa hace una contribución significativa al ministerio de su esposo en la iglesia y en la comunidad. En realidad, la buena reputación del esposo comienza en su hogar y en las virtudes de la esposa. Al educar bien a sus hijos, ella da un apoyo considerable a la credibilidad y capacidad de liderazgo de su esposo.

Estas son algunas maneras de respetar y honrar a nuestros esposos: admitir que es normal que él cometa errores, y que solo Dios puede transformarlo; concentrarnos en sus virtudes y no en sus defectos; motivarlo, dándole frecuentes palabras de reconocimiento; no exigirle más de lo que puede dar financieramente; atender sus necesidades; pasar momentos riendo y gozando juntos. Y, sobre todo, encomendarlo a Dios en oración cada mañana. -AC