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Mujeres unidas

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Hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. Filipenses 2:2 (NBLH).

EVODIA Y SÍNTIQUE

En el capítulo 4 de la Epístola a los Filipenses, Pablo se despide con entrañable amor y gran preocupación por el bienestar de la iglesia, sabiendo que en cualquier momento podían ejecutarlo y ya no los vería en este mundo. Como un padre que aconseja a sus hijos antes de morir, procede a exhortar a sus hijos de Filipos: “Estad firmes en el Señor” (Filipenses 4:1).

La palabra que Pablo usa nos da muchas enseñanzas. Se trata de la palabra steketes, que se usaba en el ámbito militar para animar a los soldados a mantenerse en el campo de batalla, a no huir a pesar de que el conflicto arreciara, a mantenerse firmes en su puesto de combate.

No es fácil mantenerse firme cuando a nuestro lado están cayendo las bombas de Satanás, cuando somos víctima de la crítica y la traición, cuando los demás nos han dado la espalda; pero no estamos solas. Si no desertamos, sino que nos mantenemos firmes en Cristo, él nos concederá la victoria.

No es grato decirlo ni escribirlo, pero Evodia y Síntique son señaladas en la Palabra de Dios como dos mujeres conflictivas. ¿Quién quiere ser reconocida por eso? El Señor nos ha llamado a ser pacificadores. Pablo le pide ayuda a alguien cuyo nombre no sabemos, solo es nombrado como “compañero fiel”, y le da el encargo de que ayude a Evodia y a Síntique en su proceso de reconciliación, para que sean de un mismo sentir.

¡Cuántas compañeras fieles necesitamos en la iglesia hoy en día, que en lugar de promover los pleitos ayuden a la reconciliación! Porque fuimos llamadas a ser agentes de reconciliación (2 Corintios 5:18-20).

Para Pablo, la solución a todas las preocupaciones del ser humano es la oración (ver Filipenses 4:6; ver también 1 Timoteo 2:1; 1 Tesalonicenses 5:16-18). El apóstol concluye expresando el resultado de la reconciliación: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). -AC