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El amor de Dios

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Yo te daré más descendientes de los que puedas contar. Génesis 16:10 (NTV).

AGAR

“Agar” es la primera palabra árabe que aparece en la Biblia. Significa “lugar inhóspito”, o “extranjero, fugitivo”. El significado del nombre de esta esclava egipcia comprada por Abram describe buena parte de su historia. Agar fue extranjera, fugitiva, y deambuló por lugares inhóspitos gran parte de su vida. Fue sierva de Saraí, “princesa”, la princesa amada por Abram que, al no poder tener hijos, convirtió a Agar en la primera madre de alquiler registrada en la historia.

Al quedar embarazada, Agar pasó de ser la esclava inmigrante, con escasos derechos y privilegios, a ser la madre de una nación. La Biblia comenta que “cuando Agar supo que estaba embarazada, comenzó a tratar con desprecio a su señora, Saraí... Entonces Saraí comenzó a tratar a Agar con tanta dureza que al final ella huyo” (Génesis 16:4, 6, NTV).

Estas historias son tristes pero esperanzadoras. Los personajes se describen en su frágil condición humana: una esposa frustrada y envidiosa que le hace la vida imposible a la otra; un esposo dividido entre sus afectos y su impaciencia. Son situaciones que despiertan las más diversas pasiones humanas. Hoy los especialistas hablan de “familias disfuncionales”. Lo cierto es que en todas las familias hay algún nivel de disfuncionalidad: relaciones difíciles y deterioradas entre suegra y nuera, problemas de infidelidad y de abandono entre cónyuges, madres deseando tener hijos que nunca han podido concebir, hijos no deseados, abandonados por sus padres...

Cuando Agar se aleja de Saraí porque ya no puede soportar la situación, se siente, una vez más, abandonada. En medio de su abandono y soledad, el ángel de Dios se le aparece y le dice: “Regresa a tu señora y sométete a su autoridad... Yo te daré más descendientes de los que puedas contar” (Génesis 16:9, 10, NTV).

Agar vuelve al campamento con otra actitud. Ahora sabe que hay alguien que cuida de ella y de su hijo: un Dios que prodiga un amor insuperable a sus hijos e hijas disfuncionales.

Sea cual sea la tensión que estemos viviendo, recordemos que el Dios de Agar es también el nuestro. Es el Dios amoroso que escucha nuestros pedidos, siente nuestra frustración y siempre tiene una solución, aunque parezca imposible. Anhelo que su paz llene nuestro corazón y su abrazo de amor nos mantenga en su presencia. -AP