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La envidia en la casa de Moisés

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Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve. Números 12:10.

MARÍA (MIRIAM), HERMANA DE MOISÉS

A temprana edad, María había revelado su fuerza de carácter, cuando siendo niña vigilo a la orilla del Nilo el cesto en que estaba escondido el niño Moisés. Su dominio propio y su tacto habían contribuido a salvar la vida del libertador del pueblo. Ricamente dotada en cuanto a la poesía y la música, María había dirigido a las mujeres de Israel en los cantos de alabanza y las danzas en las playas del Mar Rojo. Ocupaba el segundo puesto después de Moisés y Aarón en los afectos del pueblo y los honores otorgados por el cielo. Pero el mismo mal que causó la primera discordia en el cielo, brotó en el corazón de esta mujer de Israel, y no faltó quien simpatizara con ella en su desafecto...

En Hazerot, el siguiente sitio donde acamparon después de salir de Tabera, una prueba mayor le esperaba a Moisés. Aarón y María habían ocupado una posición encumbrada en la dirección de los asuntos de Israel. Ambos tenían el don de profecía, y ambos habían estado asociados divinamente con Moisés en la liberación de los hebreos. “Envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María” (Miqueas 6:4), declaró el Señor por medio del profeta Miqueas...

Dios había escogido a Moisés y lo había investido de su Espíritu; y por su murmuración María y Aarón se habían hecho culpables de deslealtad, no solo hacia el que fuera designado como su jefe sino también hacia Dios mismo. Los murmuradores sediciosos fueron convocados al tabernáculo y traídos cara a cara con Moisés... Entonces, humillado hasta el polvo el orgullo de ambos, Aarón confesó el pecado que habían cometido e imploró al Señor que no dejara perecer a su hermana por aquel azote repugnante y fatal. En respuesta a las oraciones de Moisés, se limpió la lepra a María...

La envidia es una de las peores características satánicas que puedan existir en el corazón humano, y es una de las más funestas en sus consecuencias... Fue la envidia lo que causó la primera discordia en el cielo, y albergarla ha obrado males indecibles entre los hombres. “Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:16). —Elena G. de White, HD, 30, 31