Regresar

¡Qué hermosa eres, amada mía!

Matutina para Android

Play/Pause Stop
¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa! Tus ojos son como palomas. Cantares 1:15 (NTV).

LA SULAMITA

En hebreo, la construcción “Cantar de los Cantares” tiene valor superlativo. Es decir, es el cantar por excelencia, tal como lo indica el versículo uno del primer capítulo: “La mejor de las canciones” (Cantares 1:1, NTV). Escrito por Salomón, el más sabio entre los sabios, el Cantar de los Cantares es una oda al amor entre el hombre y la mujer.

Hay diferentes escuelas de interpretación que intentan darle significado al contenido del libro. Las dos más importantes son la literal y la alegórica. La literal explica el libro como una colección de cantos eróticos que celebran el amor humano protagonizado por un hombre (un joven pastor) y una mujer (la sulamita). La escuela alegórica interpreta el cantar como el matrimonio místico de Cristo (el joven pastor) con su iglesia (la sulamita).

El Cantar de los Cantares es poco citado en estudios bíblicos o sermones. La poesía romántica, las metáforas amorosas, las claras referencias al amor expresado explícitamente nos ruborizan y nos hacen sentir —en general un poco incómodos. Pero ahí está, en el centro de la Biblia: el canto por excelencia, como parte integral de la Palabra de Dios revelada a los hombres.

La sulamita es el objeto del amor del joven pastor. Los amantes son obligados a separarse y se buscan, desesperados. El joven pastor describe a su amada sulamita como una mujer hermosa, cautivante, de piel morena, con un cuello esbelto, una sonrisa perfecta y unas mejillas hermosas. Compara sus ojos a tiernas y dulces palomas. En el capítulo 4, versículo 1, él expresa: “Eres hermosa, amada mía; tan hermosa que no puedo expresarlo”.

Ya sea que entendamos el Cantar de los Cantares en sentido literal o alegórico, me enamora un Dios que incluye en su Palabra un libro que es una canción de amor, en el que la mujer es alabada por su belleza interna y sus cualidades externas. Me encanta creer en un Dios que nos creó a su imagen y semejanza, y que, al vernos, dijo: “¡Qué bueno lo que he creado!”.

En un mundo en el que la mujer aún lucha por ser tratada con dignidad y respeto, es reconfortante saber que nuestro Dios nos considera joyas valiosas, hermosas a sus ojos y atesoradas en su corazón. —AP