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Ni yo te condeno

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Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1.

MARÍA MAGDALENA

Según las estadísticas, al menos el 70 por ciento de las mujeres en el mundo han sufrido algún tipo de abuso antes de cumplir los 25 años de edad. La gama de abuso contra la mujer es variada: abusos físicos, sexuales, verbales, emocionales... Son abusos que producen heridas; en muchos casos, heridas permanentes.

La mujer sorprendida en adulterio fue víctima de abuso, y como tal, llegó a convencerse de que merecía ser castigada. Entonces Jesús aparece en escena como el antagonista del acusador. Jesús es el Defensor, el Libertador, el que restaura. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:16, 17).

Al quedarse solo con la mujer, Jesús le dice: “Ni yo te condeno” (Juan 8:11). El único ser sin pecado que ha caminado por este mundo, el único que podría condenar, porque su vida ha sido intachable, nos recuerda que no ha venido a condenar. Es "el acusador de los hermanos” el que llena nuestra vida de culpa y vergüenza (Apocalipsis 12:10). ¡Jesús vino a liberar! ¡Nuestro Abogado y nuestro Juez vino a declararnos justos mediante su muerte en la cruz!

Dale hoy a Jesús la oportunidad de restaurar tus heridas emocionales. Déjale que escriba tu historia desde cero, como lo hizo con esa mujer. Y no olvides que él no vino a condenar, sino a liberar. -AP