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Controlada por el Espíritu Santo

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Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Romanos 8:9.

MARÍA MAGDALENA

De las explicaciones que he leído del ungimiento de Jesús por parte de María, la que más me ha convencido es la que escribe Elena G. de White en El Deseado de todas las gentes: “María no conocía el significado pleno de su acto de amor. No podía contestar a sus acusadores. No podía explicar por qué había escogido esa ocasión para ungir a Jesús. El Espíritu Santo había pensado en lugar suyo, y ella había obedecido sus impulsos” —DTG, 515.

Desde que Jesús perdonó y restauró a María, ella comenzó a vivir mirando al Maestro. Cuando decidió ungir a Jesús, no estaba segura de la razón por la que había escogido ese momento, ni entendía completamente el significado de lo que hacía. El Espíritu Santo había pensado en lugar de María, y ella obedeció. Al leer esto, mi corazón se conmueve porque deseo que el Espíritu Santo piense en mi lugar, y que mi vida sea una consecuencia de obedecer sus impulsos.

Pablo escribe en Gálatas 5:16, 25: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne... Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Seguir la guía del Espíritu, como María, no siempre es fácil. Ella fue criticada por utilizar un perfume tan caro para ungir a Jesús. El hecho de que ella se soltara el pelo y besara los pies de Jesús fue considerado inapropiado por muchos de los hombres que estaban en la fiesta. Pero la crítica destructiva no frenó a María. El Espíritu Santo nos ayuda a discernir entre el bien y el mal, y era ese Espíritu el que la impulsaba a ungir a Jesús. Y Jesús salió en defensa de María, diciendo: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (Juan 12:7).

Quizá tengas que sufrir críticas si decides vivir bajo el control del Espíritu Santo. Pero una vida controlada por el Espíritu Santo está llena de libertad en Cristo Jesús, y goza de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. ¡Que nada ni nadie apague al Espíritu Santo en nuestra vida! —AP