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La fe se expresa en el amor

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En Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Gálatas 5:6.

MARÍA MAGDALENA

Mientras María Magdalena derramaba su caro perfume, lloraba, besaba los pies de Jesús y los secaba con sus cabellos, no solo el penetrante olor del perfume comenzó a invadir la habitación, también las miradas y palabras de crítica llenaron el ambiente.

"Si él fuera profeta y supiera quién es esta mujer, no dejaría que ella lo tocara”, pensaba Simón (Lucas 7:39).

Qué despilfarro—pensaba Judas (Juan 12:4,5).

Los otros presentes observaban la escena, confundidos. Era difícil para ellos asociar lo que María estaba haciendo con un acto de adoración. Pero Jesús lo entendió. Supo interpretar el corazón de María y comprender que ella estaba ungiéndolo. El Espíritu Santo motivó a María a adorar a Jesús de esa forma (ver DTG, 515).

Jesús dejó claro en su conversación con la mujer samaritana, junto al pozo de Jacob, que la adoración verdadera ocurre cuando adoramos en espíritu y en verdad. El Espíritu Santo fue un agente activo en la adoración de la iglesia cristiana primitiva. Fue a partir del derramamiento del Espíritu Santo que los discípulos y los nuevos cristianos transformaron el mundo.

Cuando buscamos que nuestras congregaciones vuelvan a adorar como la iglesia cristiana primitiva, poniendo énfasis en la presencia del Espíritu Santo, en la sencillez y la pureza del encuentro con Dios, en la edificación de la comunidad, una edificación basada en el respeto y el amor cristianos, pienso en cuánto bien nos haría volver a leer las Escrituras para capturar lo que ellos experimentaron.

Entonces, María Magdalena y su acto de adoración vienen a mi mente. Imagino una iglesia llena de Marías Magdalenas, personas que se mueven bajo los impulsos del Espíritu Santo, personas que cantan, oran y estudian la Palabra de Dios, se aceptan unos a otros y aprenden a amar en la diferencia y la diversidad.

Que Dios nos conceda de su Espíritu para que seamos capaces de ver, como * Jesús, más allá del cabello, del perfume, de los tatuajes, de las argollas, de la ropa, de las joyas... Que podamos ver con los ojos de Jesús el corazón necesitado de las personas que se acercan a adorar con nosotros, buscando el amor y la aceptación que solo Jesús puede ofrecer porque, a fin de cuentas, lo importante es la fe que se expresa por medio del amor. -AP