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"Aún más cerca, cerca de la cruz"

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La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Colosenses 3:16.

FANNY CROSBY

Fanny Crosby quedó ciega a las seis semanas de vida. Varios médicos intentaron curarla, sin éxito alguno. A los ocho años tuvo que aceptar que sería ciega el resto de su vida. Esta niña siempre demostró una personalidad peculiar: resiliente, positiva, con una gran capacidad intelectual y una férrea determinación. Nunca aceptó la autocompasión. Decidió escribir lo que sentía, y expresar el interior de su alma mediante la poesía y la música. Aprendió a tocar el arpa, el piano y la guitarra.

Sin embargo, Fanny pasó por pruebas difíciles. En 1849 hubo una epidemia de cólera en Nueva York, donde enseñaba en el Instituto para Ciegos. Muchos de sus estudiantes enfermaron de cólera. La familia y los amigos de Fanny le aconsejaron mudarse hasta que pasara el peligro de contagio, pero ella decidió quedarse. Durante meses se dedicó a servir como enfermera y ministra para los estudiantes enfermos. Muchos de ellos perdieron la vida.

Rodeada de enfermedad y muerte, Fanny perdió el espíritu positivo que la caracterizaba, y se sumió en la depresión. Advirtió que se había centrado en ayudar a los demás y había olvidado dedicar tiempo a hablar con Dios y llenarse de su Espíritu.

Tras unos días de descanso, en los que pudo salir de aquel ambiente que la estaba sumiendo en la tristeza, volvió a estudiar la Palabra de Dios, y decidió consagrar de nuevo su vida al Maestro. Allí escribió uno de sus himnos más hermosos:

Tuyo soy, Jesús, pues oí tu voz / que en amor llamóme a mí; /

más anhelo en alas de fe subir, / y más cerca estar de ti (HASD, #253).

Fanny recobró su pasión por Jesús. Encontró su lugar junto a la cruz de Cristo. Se recuperó de la depresión y siguió escribiendo himnos, ayudando a los necesitados y predicando el evangelio.

Si estás viviendo una etapa feliz en tu vida, o si estás pasando por una tormenta o un desierto espiritual, recuerda que hay descanso, amor y esperanza al pie de la cruz de Jesús. Allí, el Salvador nos espera con los brazos abiertos y nos invita a venir aún más cerca, cerca de su corazón. —AP