Regresar

María Magdalena

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Mateo 28:1 (RV 95).

MUJERES JUNTO A LA TUMBA

María Magdalena fue la primera en llegar a la tumba aquel domingo de mañana; y cuando vio que la roca que cubría la entrada de la tumba había sido removida, se apresuró a contárselo a los discípulos. Mientras tanto, llegaron las otras mujeres. Cuando vieron que el cuerpo de Jesús no estaba allí, temieron por la suerte de su Maestro. Pero en esa hora de angustia, Dios envió a su ángel para consolarlas: “No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mateo 28:5, 6).

Mientras tanto, la ansiedad se apoderó de María Magdalena, que fue a buscar a los discípulos para que vieran que alguien había profanado la tumba de Jesús, y luego volvió a la tumba para llorar a solas. Los mismos mensajeros celestiales le dijeron que Jesús había resucitado, pero su corazón y su mente no pudieron registrar la buena nueva. El dolor se lo impedía. Mientras se estremecía, llorando, escuchó decir al ángel: “Mujer, ¿por qué lloras?" (Juan 20:13). Ella pensó que el jardinero le hablaba, y respondió: “Porque se han llevado a mi Señor" (vers. 13). Entonces Jesús le dijo: “María” (vers. 16). ¡Y ella reconoció su voz! “¡Maestro!" ¡Qué emoción es ver a Jesús!

¡Cuán sublime es el amor de una mujer cuyo corazón es guardado en Jesús! ¡Cuánto poder hay en el amor para vencer el miedo! Cuando María reconoció la voz del Maestro, entendió todo. ¡Y tuvo más fuerzas!

Así, en la fatiga de la vida, cada día, la oración nos lleva a Jesús para adquirir de él fuerza y valentía. Puede que arrecien los vientos contra ti o contra tu familia, pero puedes ser una mujer valiente. Tienes un gran poder espiritual en tus manos. En silencio, en el anonimato, como aquellas mujeres que acompañaron a Jesús, esparce tu perfume en tu familia. Tu fuerza espiritual puede bendecir al mundo. Con Jesús no hay prueba que te destruya, porque eres como aquellas mujeres valientes que amaron sin miedo a Jesús; no como los discípulos que lo abandonaron, defraudados y temerosos, porque no lo conocían, porque estaban afanados por los cargos públicos (ver Mateo 20:21). Bendice a tu familia, porque Jesús te bendice. - FB