Regresar

Madre dichosa

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores... Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate. Lucas 7:13, 14.

LA VIUDA DE NAÍN

¿Hay algo más doloroso en este mundo que la muerte del único hijo de una viuda?

Mientras el cortejo salía del pueblo de Naín, el Señor le salió al encuentro. Una espesa nube de tristeza envolvía a la muchedumbre que iba llorando y gimiendo junto al féretro que guardaba los restos del único hijo de una viuda. Cuando Jesús vio a aquella mujer, se compadeció de ella. Entonces anticipó el poder que levantará a los muertos en el día de la resurrección. Tomó de la mano a aquel joven, le dijo “levántate”, y se lo devolvió con vida a esa madre triste. La espesa nube de tristeza se disipó como las tinieblas ante los cálidos rayos del sol.

¡Cuánto amor y cuidado tiene Jesús por las viudas y por todas las madres!

Jesús conoce la preocupación del corazón de cada madre. El que tuvo una madre que luchó con la pobreza y la privación, simpatiza con cada madre en sus trabajos. El que hizo un largo viaje para aliviar el ansioso corazón de una mujer cananea, hará otro tanto por las madres de hoy. El que devolvió a la viuda de Naín su único hijo, y en su agonía sobre la cruz se acordó de su propia madre, se conmueve hoy por la tristeza de una madre. En todo pesar y en toda necesidad, dará consuelo y ayuda — DTG, 473.

Este joven que recobró la vida es una primicia del día de la resurrección, cuando el mismo Jesús llevará al regazo de las madres los hijos que la muerte arrebató. En aquel día "enjugará Dios toda lágrima de los ojos” (Apocalipsis 21:4). Pero ese hijo resucitado ya no volverá a ver muerte, como sí la volvió a ver el hijo de la viuda de Nain, porque será glorificado para vida eterna. ¡Qué bella esperanza!

Jesús siempre utilizó el mismo método cuando restauraba a alguien a la vida: le hablaba directamente a la persona. También, cuando recoja a su iglesia, se oirá su “voz de mando” (1 Tesalonicenses 4:16, 17).

Cuando sufras, recuerda el milagro hecho por Jesús a una viuda sin nombre. Pronto Jesús vendrá a buscarte. —FB