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Obrera fiel - 2

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Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. Hechos 9:40.

DORCAS

¿Cómo se fortalece la causa de Cristo? ¿Por la elocuencia de la Palabra? ¿Por las instituciones de la iglesia? ¿Por nuestro dinero y talento? La causa de Cristo solo se fortalece por la compasión.

¿Cómo es nuestra religión? ¿Le damos más importancia a lo que creemos, o a lo que sentimos, que a una pequeña obra hecha por gracia? Se dice que nosotras, las mujeres, somos “más espirituales” que los hombres. Quizá sea por nuestra sensibilidad femenina, pero la verdadera religión no tiene que ver con la forma en que sentimos el mundo espiritual. No tiene que ver con sensaciones. La verdadera religión es muy concreta y simple: tiene que ver con las necesidades de nuestro prójimo. “Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” (Mateo 25:35, 36). Estas palabras fueron dichas por Jesús cuando explicó el criterio del Padre para juzgar a las naciones.

El apóstol Santiago nos habla de la religión verdadera: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). El sufrimiento de los que nos rodean ha de obligarnos a salir de nuestra zona de confort. Nos incomoda y acusa nuestro egoísmo. Por eso racionalizamos: ¿Qué puedo hacer yo ante tanto dolor e injusticia? Te confieso que muchas veces he justificado mi frialdad con esta pregunta, y me ayudan estas palabras de Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.

Dorcas nos dejó su ejemplo. Mientras los hombres se ocupaban de la predicación y la administración de la iglesia, como siempre ha sido, Dorcas se ocupaba de lo esencial: servir a los necesitados.

Tu corazón tiene un espacio grande para la compasión. Si eres madre y te ocupas de tus hijos, o hija que velas por tus padres, el mundo te necesita. ¡Cuánto poder espiritual hay en una mujer compasiva! — FB