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Profetisas de la iglesia primitiva - 1

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Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. Hechos 21:8, 9.

LAS HIJAS DE FELIPE

Felipe era un destacado ministro de la iglesia primitiva; y era uno de los siete ministros judíos que también hablaban griego. Su nombre aparece varias veces en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En Hechos 21:8 se le llama “evangelista”, uno de los ministerios de liderazgo de la iglesia (Efesios 4:11); de hecho, Felipe es el único al que se refiere con esta característica en el Nuevo Testamento.

Pero Felipe no se destaca solo por haber sido evangelista, o por haber protagonizado aquel diálogo, y posterior bautismo, con el etíope eunuco (ver Hechos 8:27-38), sino por el liderazgo de sus hijas en la iglesia primitiva. No tienen nombre, solo sabemos que profetizaban y que eran vírgenes. Son los únicos datos que nos proporciona la Biblia. Me imagino que eran muy jóvenes.

En ese tiempo, las mujeres vivían a la sombra de sus padres o de sus maridos; y a menos que tuvieran algún don extraordinario que las destacara en la sociedad, los escritores bíblicos las mencionan como “la esposa de”, por vivir en determinada ciudad (por ejemplo Sarepta), o por ser prostitutas.

Con respecto a las jovencitas de nuestro texto, solo tenemos el dato de que eran “las hijas de”. Pero la Biblia añade además dos características que las sacan del anonimato: profetizaban y eran vírgenes. Es decir, eran jóvenes al servicio del Señor, dirigentes de la iglesia naciente.

El apóstol Pablo menciona el valor del ministerio de los profetas, que cumplían una función importante en la iglesia primitiva. Habiendo sido bendecidos por el Espíritu Santo, ellos instruían, guiaban, fortalecían y apoyaban en la formación de las nuevas congregaciones. Pablo consideraba que el don de profecía era el más deseable y conveniente de todos los dones (ver 1 Corintios 14:1).

Las hijas de Felipe son el mejor antecedente bíblico de lo que Jesús espera para su iglesia: todos, sin distinción de género, participando en el servicio de Dios. Si consideramos la iglesia como un lugar de servicio, y no como una estructura de poder, con jerarquías y privilegios, nos daremos cuenta del valor de la obra de las hijas de Felipe, aunque los hombres no hayan recordado sus nombres. -FB