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Confía en los jóvenes

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Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifiqué, te di por profeta a las naciones”. Yo dije: “¡Ah, ah, Señor Jehová! ¡Yo no sé hablar, porque soy un muchacho!". Jeremías 1:5, 6 (RV95).

ELENA HARMON DE WHITE

Hubo una vez una joven que desde niña conoció lo que es el dolor y el sufrimiento. A los nueve años de edad, siendo una estudiante de excelencia, tuvo que abandonar la escuela a causa de un accidente. A pesar de ser tan joven, no volvió a ser la misma. Ahora, Elena Harmon estaba tan débil que enfrentó situaciones que pusieron en riesgo su vida.

Pero esa no era la única carga que agobiaba a esta joven. Cuando escuchó las predicaciones de Guillermo Miller la invadió un miedo desmedido a no estar lista para el regreso de Jesús. Pero un pastor la animó con estas palabras: "Tu experiencia es muy singular en una persona de tan poca edad. Jesús debe estar preparándote para alguna obra especial” –NB, 40.

Cuando un niño, un adolescente o un joven puede confiar en los mayores y acercarse a ellos para pedir apoyo, consejo o ayuda, va por buen camino. Debemos tener a los menores siempre presentes en nuestras oraciones y darles un buen ejemplo. Necesitamos llevarlos hacia una relación más estrecha con Dios; que estén listos para testificar de su fe. Deben participar en la administración de la iglesia. Deben ser dirigentes. Si no están activos en la iglesia, ¿dónde invertirán sus vidas?

Hoy, muchos adolescentes pasan hasta seis horas diarias navegando en Internet. Pero el impacto que esto tiene sobre sus vidas es aterrador: soledad, abandono escolar, aislamiento social, malas relaciones con los padres, acoso, entre otros. Este mal hábito no disminuye con la edad. ¡Nuestros jóvenes están en peligro de perder la vida eterna por malgastar así sus vidas! Debemos hacer todo lo posible por arrancarlos de las garras de la ociosidad.

Gracias al apoyo que la joven Elena Harmon tuvo en aquellos años tan difíciles de su vida, pudo desarrollar una relación firme con el Señor que la preparó para superar el Gran Chasco del 22 de octubre de 1844. Hoy, nosotros podemos ser una ayuda para los jóvenes de nuestra iglesia.

Que Dios nos ayude a ser instrumentos del amor divino en la vida de los demás. —GM