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El amor cubre todas las faltas

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El odio despierta rencillas, pero el amor cubrirá todas las faltas. Proverbios 10:12.

PENINA

Penina guardaba en su corazón muchas cosas: asuntos sin arreglar que la mantenían enojada con el padre de sus hijos, con Dios, con la vida... Alguien tenía que pagar por todo el odio que albergaba en su corazón. Se consideraba la víctima, por tanto, creía que su conducta estaba más que justificada.

“Penina, la nueva esposa [de Elcana], era celosa e intolerante, y se conducía con mucho orgullo e insolencia” –PP, 614. Así, el “matrimonio de tres” estaba inmerso en pugnas de poder, resentimientos y reclamaciones; por si fuera poco, utilizaban a los niños como armas emocionales para hacerse daño.

¿Qué ganó Penina con esta guerra hogareña? Lamentablemente, obtuvo tres resultados, cada cual más negativo:

Distanciamiento. Del amor, cariño, afecto o atracción que alguna vez sintió su esposo por ella, seguramente quedaba poco o nada después de un tiempo de convivir con una mujer rencillosa. Quizá por experiencia propia, Salomón declara: “Es mejor vivir solo en un rincón de la azotea que en una casa preciosa con una esposa que busca pleitos” (Proverbios 21:9, NTV).

Soledad. Ni sus hijos ni los sirvientes de la casa querían estar cerca de ella. Ellos pensaban: “Mejor es morar en tierra desierta que con la mujer rencillosa e iracunda” (Proverbios 21:19). No creo que hubiera amigas capaces de aguantar tanta queja que salía de sus labios.

Rechazo. Seguramente nadie quería saludar a esta singular familia en las fiestas religiosas, pues ni en la presencia de Dios se abstenía Penina de sus mordaces comentarios contra “la otra”.

La vida de Penina no tenía por qué ser tan amarga. Tenía esposo, hijos, casa, alimento, y sobre todo, el conocimiento del Dios de amor. Si tan solo hubiera querido abrir su corazón para que el amor de Dios fluyera a través de ella, su historia habría sido muy diferente.

Penina permitió que creciera el odio en su corazón, el cual provoca rencillas, pero no quiso tomar el antídoto para todos sus males, reales y ficticios: el amor, que cubre todas las faltas. Podemos tener todo para ser felices, pero si no tenemos el amor que viene de Dios, no podemos disfrutar sus bendiciones. Procura ser llena del amor de Dios. -GM