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Al servicio del Rey

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“Busquen para mi señor, el rey, una joven virgen que lo atienda y lo abrigue". 1 Reyes 1:2 (RV95).

ABISAG

Cuando el rey David era anciano, tuvo problemas para mantener una temperatura corporal adecuada. Presentaba síntomas como hipotensión, piel pálida y fría, disminución del riego sanguíneo en las extremidades (pies y manos frías), somnolencia y letargo.

El rey necesitaba asistencia las 24 horas del día, por lo que sus siervos le recomendaron conseguir una persona capaz de brindarle todos los cuidados necesarios para lograr que entrara en calor y mejorara así su salud. En esa época era una recomendación y práctica médica común disponer de una persona joven para que transmitiera calor a otra persona de edad avanzada. Así que se pusieron manos a la obra y encontraron a una joven hermosa, de salud robusta, y con disposición para estar al servicio del rey.

Abisag fue algo así como una enfermera y fisioterapeuta para el rey. No iba por el palacio luciendo hermosos atuendos y vistosos peinados que resaltaran su belleza natural. Permanecía en los aposentos del rey día y noche para alimentarlo, vestirlo y asearlo. Debía procurar que David estuviera cómodo, y seguramente le daba masajes en brazos y piernas, además de trasmitirle calor corporal. El de ella era trabajo puro y duro. Estar al servicio del rey implicó que Abisag entregara su juventud y belleza, su salud y fuerza física.

La reflexión para hoy es que no tengas temor de ingresar en el servicio del Rey de reyes. Se necesitan mujeres valientes como Abisag, que se entreguen en cuerpo y alma al Señor, para que sean una bendición doquiera que vayan..

“Que cada hermana que se siente una hija de Dios asuma la responsabilidad de hacer lo que esté a su alcance. Las características más nobles se adquieren a través del renunciamiento y la benevolencia en beneficio de otros”—HD, 114.

La vida de Jesús fue de trabajo y esfuerzo persistente e infatigable para que nosotros tuviéramos la oportunidad de gozar de las glorias celestiales; él vino para “servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). ¿Qué le contestarás cuando te pregunte: “A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Isaías 6:8). Pon en orden tus prioridades para que con la ayuda de Dios y del Espíritu Santo puedas responder con valentía: “Heme aquí, envíame a mí". — GM