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Altibajos espirituales

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Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero para decirle: "Traigan los dioses sobre mí el peor de los castigos, si mañana a estas horas no he puesto tu persona como la de uno de ellos”. 1 Reyes 19:2 (RV95).

JEZABEL

No es la primera vez que un gran siervo de Dios sale huyendo o tiene un revés espiritual después de haber presenciado grandes manifestaciones divinas. Todos, en algún momento, nos hemos dejado llevar por el abatimiento y el temor, tras haber apartado la vista del Señor y habernos centrado en los problemas y las dificultades. Lo cierto es que los siervos de Dios no están exentos del desánimo ni de las malas decisiones. En el caso de Elías, este fue un momento sumamente difícil, ya que “en esa hora sombría le abandonaron su fe y su valor" —PR, 118. ¡Increíble! El hombre que había sido usado por Dios para engrandecer su nombre en el monte Carmelo, ¡haciendo descender fuego del cielo!, había salido huyendo ante las amenazas de la malvada Jezabel.

¿Le había indicado Dios que se escondiera de la reina? No. “Elías no debiera haber huido del puesto que le indicaba el deber... Si hubiese permanecido donde estaba, si hubiese hecho de Dios su refugio y fortaleza y quedado firme por la verdad, habría sido protegido de todo daño. El Señor le habría dado otra señalada victoria enviando sus castigos contra Jezabel; y la impresión que esto hubiera hecho en el rey y el pueblo habría realizado una gran reforma” — Ibíd.

Un pequeño momento de debilidad pudo haber arruinado la gran obra de reforma y reavivamiento en el reino de Israel iniciado en el monte Carmelo; pero Dios no conoce el fracaso. ¡Bendito sea su nombre! Aquello que los hombres califican como derrota, Dios lo considera una gran victoria. Elías tuvo un encuentro con Dios no a través de manifestaciones espectaculares sino, por medio de un silbo apacible, pues era lo que su desanimado corazón necesitaba. Cuando podríamos pensar que Dios iba a reprenderlo por su cobardía, en cambio le anunció que muy pronto sería relevado de su ardua tarea ¡y sería recompensado viajando al cielo, sin ver la muerte, en un carro de fuego!

Nunca apartemos nuestros ojos de Dios. Hagamos frente a cualquier “Jezabel” que quiera hacer tambalear nuestra fe en Dios. Si estamos desanimadas, aferrémonos a su gracia. Al final, recibiremos una agradable recompensa. — GM