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Una carta de recomendación

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Ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne, en los corazones. 2 Corintios 3:3 (NVI).

FEBE

Si alguna vez has solicitado el ingreso en alguna universidad o has solicitado un empleo, sabes que dentro de los requisitos puede estar incluida la famosa carta de recomendación o carta de referencia, donde alguna persona de credibilidad afirma conocerte bien, y destaca las cualidades que te hacen apta para desempeñar determinada función.

Es posible que tú también hayas tenido que recomendar a alguien para algún puesto de trabajo o para un cargo en tu iglesia. El apóstol Pablo estableció algunos parámetros a tomar en cuenta para ejercer los cargos de dirigentes de la iglesia y diáconos: ser intachable, prudente, respetable, hospitalario, practicar la fidelidad en el matrimonio, tener el don de la enseñanza, ser sobrio, amable, apacible, dadivoso, honorable, no codicioso, gobernar y administrar bien el hogar, tener hijos obedientes y respetuosos, no ser calumniador ni chismoso; en fin, ser una persona digna de confianza (1 Timoteo 3:1-7).

A Pablo, sin embargo, le bastó solo una frase para referirse a una mujer singular: “Les recomiendo a nuestra hermana Febe” (Romanos 16:1, NVI). Se trata de la única mujer con el apelativo diákonos, que bien puede referirse al servicio activo en la iglesia, incluyendo enseñar el evangelio. Además, se cree que era la mensajera que llevaba personalmente la carta de Pablo a los hermanos de Roma. ¡Menuda responsabilidad tenía la hermana Febe! El apóstol confiaba plenamente en ella.

Así como Febe, nosotras también podemos construir caracteres dignos de confianza y desarrollar las virtudes cristianas necesarias para ser pilares de nuestras congregaciones, pues nuestras vidas son cartas leídas cada día por quienes nos rodean. ¿Qué leen nuestros maridos, nuestros hijos y nuestros amigos cuando nos observan? ¿Es nuestra vida una carta que nos recomienda como verdaderas cristianas? : Que nuestro amor por Cristo sea el que nos recomiende. A su vez, no olvidemos recomendar a Jesús a nuestros familiares, amigos y vecinos como la principal solución a sus problemas. Parafraseando las palabras de Jesús, podemos decir: “Cualquiera que me recomiende delante de los hombres, yo también lo recomendaré delante de mi Padre” (ver Mateo 10:32). —GM