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Hermanos en la fe

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Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre. Mateo 12:50 (RV95).

FEBE

Crecí en un hogar cristiano lleno de amor. Mis padres se esforzaron muchopor darnos a mi hermano y a mí un buen ejemplo. Como era la hermana menor, me sentía protegida por mi hermano, sobre todo durante la etapa de los estudios de primaria y secundaria, ya que asistimos a los mismos colegios. Él era quien se enfrentaba a lo desconocido y lidiaba con lo más difícil. Cuando a mí me tocaban los mismos desafíos académicos, él ya había recorrido el camino: me prestaba sus apuntes y me decía cómo eran los profesores que me iban a dar clases. Solo había un pequeño inconveniente: como él siempre obtenía notas sobresalientes, los maestros lo conocían muy bien, así que a mí también me exigían un desempeño excelente. De modo que yo tenía que esforzarme al máximo para no menguar la imagen positiva que había dejado mi hermano.

En la vida espiritual, Dios nos ha dado un Hermano mayor que nos allana el camino rumbo a la tierra prometida. Sí, Jesús, nuestro Hermano mayor, se goza en llamarnos hermanos, y dio su vida por nosotros. Gracias a él, por medio del bautismo llegamos a ser miembros de una “nueva familia”. En Romanos 16:1 se menciona de forma muy cordial a "la hermana Febe”. No sabemos cómo ni cuándo fue convertida, ni de qué trasfondo social y cultural provenía. Lo importante es que ahora ella tenía la seguridad de viajar a otros países llevando el evangelio y ser recibida con calidez y amor en el Señor. ¡Ahora tenía familiares por todos lados! Dondequiera que iba, Jesús allanaba su camino.

La metáfora de la familia cristiana nos recuerda que tenemos derechos y obligaciones hacia nuestros hermanos, siempre bajo el lema del amor fraternal. No hagamos nada por orgullo ni tratemos de impresionar a nadie; veamos a los demás como mejores que nosotros mismos (ver Filipenses 2:3).

Contar con hermanos en la fe ha de representar un importante apoyo espiritual. Los hermanos mayores nos ayudan a recorrer una senda que ellos ya han transitado. Los hermanos menores buscan nuestra orientación para ser mejores creyentes. ¡Apoyémonos mutuamente como hermanos en Cristo!

Que Dios nos ayude a estar listas cuando nuestro Hermano mayor venga por nosotras. —GM