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Mujeres bienhechoras

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Recibidla en el Señor, como es digno de los santos, y ayudadla en cualquier cosa que necesite de vosotros, porque ella ha ayudado a muchos y a mí mismo. Romanos 16:2 (RV95).

FEBE

Seguramente conoces a alguna hermana de tu iglesia, o de otra, que siempre está ahí para lo que se necesite, según sus dones y talentos, pero además te contagia con su energía. Quizá no tenga muchos recursos económicos, pero ella contribuye con alimentos de su propia despensa, ropa en buen estado o dinero. Si no está en sus manos prestar ayuda, busca entre sus contactos, recomienda a la gente entre sus conocidos y goza ayudando a los demás. ¿Qué pasaría si en algún momento ella necesitara hospedarse en tu casa o si fuera tu invitada? ¿Qué trato crees que merece una persona así?

En la Biblia encontramos varios ejemplos de mujeres serviciales, pero en la Carta a los Romanos leemos cómo Pablo pide un trato especial para Febe, quien se distingue por ayudar a muchos, incluido el propio apóstol.

Según el Diccionario bíblico evangélico, cuando leemos que Febe había ayudado (prostátis) a muchos en su propia iglesia, prostátis significa “protectora”. Por la época en la que se desarrollan los hechos, podemos deducir que “el término indicaba el cargo de quien representaba a la gente que no tenía derechos civiles. La ley romana reconocía a estos protectores como los representantes de los extranjeros. Si Febe tenía ese cargo, debió haber sido una mujer de la alta sociedad”. Es posible que esta mujer haya disfrutado de una privilegiada posición que le permitía proteger a creyentes que eran falsamente acusados.

No es necesario tener una posición de influencia dentro de la comunidad donde vivimos para hacer grandes obras a favor de otros. Salomón nos exhorta: “Todo lo que te venga a mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Eclesiastés 9:10, RV95), y el apóstol Pablo nos invita a no cansarnos de hacer el bien (2 Tesalonicenses 3:13). Además, enfatiza que “todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23,24). Nada en este mundo provoca tanta satisfacción como ayudar al prójimo. Pide hoy al Señor que te ayude a hacer algo por otra persona. —GM