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La amada Pérsida

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Saludad a la amada Pérsida, que tanto ha trabajado en el Señor. Romanos 16:12 (RV95).

PÉRSIDA

Según el Diccionario bíblico adventista, el nombre “Pérsida” proviene delgriego persís, “persa”, un nombre común usado entre mujeres esclavas. Buscando en Internet encontré a una mujer llamada Pérsida Nenadovi?, princesa de Serbia y madre de Pedro I de Serbia, que se convertiría en rey de los serbios, croatas y eslovenos al final de la Primera Guerra Mundial. ¡Dos polos diametralmente opuestos!

En el caso de la amada Pérsida de la iglesia de Roma, no sabemos si nació esclava, pero sí sabemos que renació a una nueva vida donde fue elevada al estatus de "linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). La Biblia no menciona en qué momento ni en qué lugar conoció Pablo a esta dama. Por su nombre se deduce que no era de origen judío, por lo que debía ser de Asia Menor. Es probable que haya escuchado a Pablo predicar el evangelio de Jesucristo y, por la gracia de Dios, aceptara la salvación ofrecida. El apóstol debió conocerla bien para recordarla con tanto cariño y llamarla "amada Pérsida”. Ella, por alguna razón, se había desplazado a la capital del Imperio Romano y hasta allá la alcanzó el saludo de Pablo.

Hay que destacar el tono afectuoso que se usaba entre los hermanos de la iglesia primitiva. Sin importar la procedencia o la condición social, se expresaban respeto, comprensión y aprecio. Para muchos de ellos, la iglesia era su único hogar, el espacio donde podían encontrar un bálsamo de fe, esperanza y amor.

Si quieres ser reconocida y recordada como una persona amada en su propia iglesia como lo fue Pérsida, recuerda estos dos consejos:

“Ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3, NTV).

“No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes” (Filipenses 2:3, NTV).

Que el tono afectuoso de estos saludos, que reflejan el amor fraternal no fingido que había entre los primeros cristianos, sea el mismo tono que prime en nuestras iglesias. -GM