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La amada deshonrada - 2

Matutina para Android

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Y a Hamor y a Siquem su hijo los mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y se fueron. Génesis 34:26.

DINA

Esta historia narra un traspié que lleva a otro y a otro más. Dina se pone en una situación comprometedora, Siquem se fija en ella y, al estilo pagano, la toma para sí, como si tuviera el derecho de hacerlo. Pero a este ultraje no le sigue lo que se podría esperar: la traición y el abandono. No, Siquem se enamora de verdad y empieza a tramitar su casamiento con Dina.

El padre de Siquem, Hamor, se acerca a Jacob para pedirla en matrimonio y hacer los arreglos de la boda, pero los hermanos de Dina se enteran de la violación. Es tan sincero el deseo de Hamor de complacer a su hijo que acepta circuncidar a todos los varones del pueblo. Mediante este acto simbólico aceptaron convertirse a la religión de Dina y seguir al Dios verdadero. ¡Cuántos paganos estaban a punto de formar parte del pueblo de Dios!

Pero no había de ser así. Simeón y Leví, hermanos de Dina, llenos del espíritu vengativo que vieron modelado a diario por su propia madre, querían sangre. Ellos sabían bien que, dentro de su cultura, si un hombre violaba a una virgen, tenía que casarse con ella (Deuteronomio 22:28, 29). Pero no se trataba de forzar a nadie, pues el joven deseaba de todo corazón casarse con ella. El engaño y la traición terminaron violentamente con el asesinato de los siquemitas, irónicamente, ¡a manos de los elegidos por Dios!

Dina erró en lo que hizo, pero Dios quiso transformar un mal en algo bueno. Puso en el corazón de un pagano un amor sincero que lo motivó a querer casarse con ella. Y ese pagano, sin conocer a Dios, supo responder a esa inspiración divina, mientras que los “escogidos” tendieron trampas para todo un pueblo. De no haber intervenido ese espíritu satánico, de haber reconocido la nobleza de Siquem y de su padre, Dina hubiera sido el instrumento de Dios para la salvación de un pueblo entero. ¡Cuántas oportunidades perdemos cuando dejamos que nuestro carácter inconverso dirija las decisiones que tomamos!

Lo más trágico de esta historia fue que no se tomara en cuenta en ningún momento el gran amor y el perdón de Dios. Nadie se acordó de su infinita misericordia para con toda persona, ni de su gran deseo de perdonar al pecador.

Dios quiere y puede sacar bien de todos nuestros traspiés, si nos dejamos guiar por él. -LMG