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Las parteras de Egipto

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Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. Éxodo 1:17.

SIFRA Y FÚA

A las mujeres se nos enseña que debemos callar y ser prudentes al hablar. A Lo que define nuestra gracia como mujeres es precisamente esa destreza, adquirida por la presión social de saber cuándo hablar y cuándo no. Junto con esta exhortación se nos enseña que la dama cristiana debe acceder a los deseos y mandatos del varón que dirige, ya sea el gobernante civil o el esposo.

Por ejemplo, Sara, según afirma el apóstol Pedro, "obedecía a Abrahán, y lo llamaba señor”. El apóstol la presenta como modelo para las mujeres cristianas de las nuevas iglesias que se iban formando en el siglo I: “Vosotras sois sus hijas, si obráis el bien y no teméis nada” (1 Pedro 3:6, RV00). Luego exhorta a los maridos a que sean considerados con sus esposas y que las traten con respeto, como coherederas con ellos de la vida eterna (vers. 7). Esto explica la frase “y no teméis nada”, puesto que se espera que una esposa cristiana no tenga qué temer de un esposo cristiano y virtuoso.

Pero las parteras de Egipto, cuando el mismo rey de su nación les ordenó que mataran a los niños varones de los israelitas, no obedecieron. No podían cumplir una encomienda tan cruel y despiadada. Optaron por tomar una decisión que podría haberles costado la vida (Éxodo 1:15-17). : Viendo que los hebreos prosperaban a pesar de su decreto, el faraón exigió de las parteras una explicación, y ellas le dieron una explicación totalmente inverosímil: “Las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas” (Éxodo 1:19).

La Escritura dice que Dios "hizo bien a las parteras" (vers. 20) y, más aún, “prosperó sus familias” (vers. 20, 21). Sí, ¡Dios las bendijo!

Hay en este episodio de la historia hebrea una lección importante para la mujer cristiana de hoy. Hemos de honrar y respetar a nuestros esposos y gobernantes, y ellos a nosotras, pero cuando sus indicaciones entren en conflicto con la voluntad de Dios, entonces, como en el caso de las parteras, hay que obedecer a Dios. Él nos bendecirá. -LMG