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La lección de Jael

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Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer venderá Jehová a Sísara. Jueces 4:9.

JAEL

En el Museo de Bellas Artes de Budapest, Hungría, cuelga una pintura titulada “Jael y Sísara", de la pintora italiana, Artemisia Gentileschi. Allí se nos presenta la figura de Jael, bella y decidida, que sostiene en una mano el mazo y en la otra la estaca que está por clavarle en la sien al capitán del ejército cananeo, Sísara, dormido tranquilamente.

El trasfondo bíblico de esta escena se encuentra en Jueces 4. Los hebreos, bajo el mando de Débora y Barac, lograron desbaratar el ejército de Sísara y este huyó a pie para salvar su vida. Sísara llegó agotado a la tienda de Jael, esposa de Heber, “porque había paz entre Jabín rey de Hazor y la casa de Heber ceneo” (Jueces 4:17). Los ceneos eran un antiguo pueblo cananeo que siempre convivió en paz con Israel.

Jael conocía bien el mandato del Señor, quien prometía la victoria de Israel sobre sus enemigos si la destrucción de estos fuera completa. Del ejército del rey Jabín no quedaba vivo ni uno, pero aquí se le aparecía el mismo capitán de los que habían oprimido al pueblo de Dios durante veinte años. Sus acciones denotan que Jael, desde que recibió a Sísara en su hogar, sabía lo que tenía que hacer.

Jael salió a recibir al capitán, y le aseguró que no tenía que temer. Lo llevó a su tienda, lo invitó a recostarse y lo cubrió con un manto. Cuando él le pidió agua de beber, ella le dio leche. Sísara le pidió que guardara la entrada, y si alguien llegaba preguntando por él, que le dijera que no estaba allí. Confiado, Sísara cayó en un sueño profundo. Entonces Jael sigilosamente se acercó al hombre y, con el martillo y una estaca, lo clavó a la tierra por la sien. Así murió el último enemigo de Israel.

Las acciones de Jael fueron alabadas en el canto de victoria de Débora: "¡Bendita sea Jael entre las mujeres!... ¡Entre las mujeres que habitan en tienda, bendita sea!” (Jueces 5:24, RV00).

La valentía y la fidelidad de Jael a Dios servirá para siempre como ejemplo de lo que se espera de todo creyente que vela por la honra de Dios y la seguridad de su pueblo. —LMG