Regresar

Fuerte y débil

Matutina para Android

Play/Pause Stop
Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas, y llamó a un hombre, quien le rapó las siete guedejas de su cabeza; y ella comenzó a afligirlo, pues su fuerza se apartó de él. Jueces 16:19.

DALILA

Deslumbrada por el brillo de las monedas que le ofrecían los jefes filisteos, Dalila manifestó poco interés en la vida de su amante israelita. Actuó movida por el lucro. Bien le venía el nombre de Dalila, que significa tanto "delicia” como “tentadora”. De lograr hacerlo caer en manos de sus enemigos, ella podría vivir con holgura el resto de su vida. Tampoco escondió sus intenciones, a lo que Sansón no le dio importancia.

Valiéndose de toda su picardía aprendida en la vida callejera, Dalila procedió a seducir al ungido de Dios. Esta fue su primera artimaña: “No debe haber secretos entre nosotros” (ver Jueces 16:6), y le rogó que le revelara el secreto de su descomunal fuerza. Cuando esto no le dio resultado, cambió de estrategia: “¿Cómo puedes haberme engañado?" (vers. 10). La artimaña consistió en acusarlo de lo que ella hacía. Tampoco este truco dio resultado. En seguida asumió la postura de víctima de una monumental injusticia. “¿Te burlas de mí? Dices que me amas, pero no haces lo que te pido. ¡Quiere decir que no me amas!” (vers. 15). Por fin, abrumado del todo y “reducido a mortal angustia”, Sansón cedió.

Los estudiosos de la mujer en la sociedad observan que a la mujer se la ha estereotipado por emplear ardides para conseguir lo que quiere. Pero la mujer se ha visto a menudo obligada a cultivar la astucia porque no se le ha concedido la misma libertad de actuar que al hombre. Este fue el caso de Dalila. En su época, una mujer sola no tenía muchas opciones. Esta mujer materialista probó la fe de Sansón.

Cuando Sansón, ciego e impotente, rogó al Señor que le devolviera sus fuerzas de origen divino para castigar a los enemigos de Dios, es posible que Dalila haya estado presente en la fiesta, dedicada al dios Dagón y a la humillación de Sansón.

Sansón dominó a todos los hombres que le hicieron frente, pero una mujer lo sometió. Jamás utilices tu belleza para hacer pecar a un varón ungido de Dios. —LMG