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La oración contestada

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Mi corazón se regocija en Jehová. Mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación. 1 Samuel 2:1.

ANA

Hay varios puntos interesantes que estudiar en el canto de alabanza de Ana por una oración contestada.

La oración desesperada de Ana surgió de una situación muy desagradable. Ana era la primera esposa de Elcana, pero, según la costumbre, si la esposa no le daba hijos, un sacerdote podía tomar a otra esposa. Penina, la nueva esposa, empezó a tener hijos en seguida y se convirtió en la rival de Ana. Penina torturaba a Ana a diario, recordándole que Dios no la favorecía. Elcana le daba su parte a Penina y a sus hijos durante las visitas anuales a Silo para traer sacrificios ante el Señor, pero a Ana le daba una doble porción, para expresarle su amor y su predilección por ser su primera esposa.

Esta situación llegó a tal punto que Ana dejó de comer y solo lloraba. Su esposo trataba de consolarla, pero para Ana no había consuelo posible. ¡Ella quería tener un hijo!

En una de las visitas a Silo, después de haber comido, Ana se levantó y se fue al templo donde oficiaba el sacerdote Elí, y oró "con amargura de alma... y lloró abundantemente” (1 Samuel 1:10). Además, hizo un voto dedicándole a Dios el hijo que ella esperaba que le concediera. Al principio Elí la tuvo por ebria, luego la bendijo, y Ana se consoló. Pronto nació Samuel. Conforme al voto que había hecho, cuando lo hubo destetado, Ana lo llevó al templo, para que sirviera allí el resto de su vida.

Luego Ana exaltó el poder del Todopoderoso. “No hay santo como el Señor, no hay ninguno fuera de ti. No hay refugio como nuestro Dios”, declara (1 Samuel 2:2, RV00). Ahora sus “enemigos” tenían que callar, porque Dios quitó de ella su vergüenza. Exaltó a Dios porque todo el poder está en sus manos. Él quita la vida y la da; enaltece y derriba según sus designios. Termina este majestuoso canto de alabanza con una profecía mesiánica: “El Señor juzgará los confines de la tierra, fortalecerá a su rey, y exaltará el poder de su Ungido” (vers. 10, RV00).

Si confiamos en ese poder, así como Ana, veremos milagros en nuestra vida y daremos testimonio del Dios Todopoderoso. —LMG