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La maestra de Jesús

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Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres. Lucas 2:52.

MARÍA DE NAZARET

La sicoterapia moderna enseña que las experiencias de la niñez con nuestros padres son formativas, pues contribuyen a lo que llegaremos a ser como adultos. Por ello, el papel de María fue muy importante en la educación de su Hijo Jesús.

María tal vez tendría trece o catorce años cuando concibió a Jesús. Tal como se acostumbra todavía en muchos países de Oriente Medio, las jóvenes generalmente se casaban en la adolescencia, con hombres bastante mayores que ellas. Así fue como José llegó a ser el esposo de una muchacha tan joven.

A pesar de su juventud, María conocía las Escrituras, en aquel entonces el Antiguo Testamento. Tenemos evidencias de que había leído las profecías acerca del Mesías, pues cuando se le presentó el ángel Gabriel, ella entendió, tras un primer momento de sorpresa, que sería la madre del Mesías. El relato de Lucas nos presenta a una joven admirada por el saludo del ángel: “¡Alégrate, muy favorecida!" (Lucas 1:28, RV00). Como era de esperarse, la joven sintió miedo y confusión (vers. 29), por lo que el ángel procuró calmarla y explicarle de qué se trataba su visita. Cuando ella oyó que sería la madre del Mesías prometido, no entendía cómo, siendo todavía virgen. El ángel le explicó que el Espíritu Santo se encargaría del misterio. Al fin, ella declaró: “Yo soy la sierva del Señor. Hágase en mí conforme a tu palabra” (vers. 38, RV00).

Otra evidencia de que conocía bien las Escrituras es su canto de alabanza (vers. 46-55), que recuerda el canto de alabanza de Ana cuando pidió un hijo y le nació Samuel (1 Samuel 2:1-10). Ana dice: “Mi corazón se regocija en el Señor, mi poder se exalta en el Señor” (vers. 1, RV00), y María dice: “Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador” (Lucas 1:46, RV00).

Como la primera y única maestra humana de su Primogénito, María se esmeraba por cultivar esa mente privilegiada. “Mediante el Espíritu Santo recibió sabiduría para cooperar con los agentes celestiales en el desarrollo de este niño que no tenía otro padre que Dios” —DTG, 49.

¡Qué privilegio el de esta adolescente! No menospreciemos a los jóvenes. Dios siempre ha llamado a jóvenes para promover su causa. -LMG