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El amanecer huaorani

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Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28. (Versículo predilecto de Rachel Saint)

ELISABETH ELLIOT Y RACHEL SAINT

El 18 de enero de 1956, cinco misioneros protestantes de los Estados Unidos que intentaban hacer contacto con las tribus huaorani del Ecuador fueron asesinados por unos guerreros huaorani. La noticia de la masacre de Jim Elliot, Nate Saint, Ed McCully, Peter Fleming y Roger Youderian circuló por el mundo. La revista LIFE dedicó un número a la tragedia y se filmó una película titulada A punta de lanza [The End of the Spear].

Las familias de estos mártires asesinados por quienes los incas llaman “aucas”, que quiere decir “salvajes” o “enemigos”, quedaron consternadas. Al pasar el tiempo, no queriendo que la muerte de sus seres queridos fuera en vano, Elisabeth Elliot, esposa de Jim Elliot, y Rachel Saint, hermana de Nate Saint, se propusieron seguir adelante con la misión de estos hombres valientes.

Rachel había hecho amistad con Dayuma, una mujer huaorani que estaba en los Estados Unidos. Dos años después de la tragedia, Elisabeth, Rachel y Dayuma regresaron a Ecuador. Elisabeth y su hija Valerie habían hecho amistad con dos mujeres aucas y, por medio de estas amistades, Rachel y Elisabeth fueron invitadas a volver con los aucas. Rachel se quedó con ellos hasta el día de su muerte, y fue enterrada allí. Rachel y Elisabeth adoptaron el estilo de vida auca y perfeccionaron su dominio del idioma.

Así empezó la evangelización de los aucas. Nueve años después de la tragedia, se logró traducir el Evangelio de Marcos a la lengua auca. Muchos se convirtieron, entre ellos los que habían participado en la masacre de los misioneros. Elisabeth regresó a los Estados Unidos para escribir acerca de la historia inspiradora de los aucas. Su primer libro, Shadow of the Almighty [La sombra del Todopoderoso] describe una historia de determinación.

Elisabeth se dedicó a recorrer el país, relatando su historia y desafiando a mujeres cristianas a ejercer una fe activa. Al fin, los aucas se convirtieron porque vieron el cristianismo en la vida de estas mujeres valientes y consagradas.

¿No fue esa la manera de evangelizar de Jesús? Este es nuestro reto, ser las misioneras de los últimos días de la historia de este mundo. - LMG