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Ruego a Evodia y a Síntique, que sean de un mismo sentir en el Señor. Filipenses 4:2.

EVODIA Y SÍNTIQUE

En una de las iglesias que pastoreamos mi esposo y yo, nos enfrentamos con una situación preocupante. Había en esa iglesia dos grupos de jóvenes que eran dirigidos a su vez por dos hermanas muy talentosas. Lo preocupante era que cuando el programa lo dirigía una de ellas, los jóvenes del otro grupo no asistían a la reunión y viceversa.

En el texto de hoy, notamos que eso que experimentamos no era nada nuevo. Dos hermanas, Evodia y Síntique, tuvieron que ser reprendidas por el apóstol a fin de que fueran de “un mismo sentir”. No sabemos cuál fue el problema que tuvieron. Lo que sí sabemos es que el problema era de dominio público, y Pablo tuvo que hacer referencia a esta situación con un ruego especial.

En la siguiente declaración, Pablo dice que Evodia y Síntique habían combatido en la causa de Cristo. El término combatir que utiliza Pablo es la misma palabra usada para referirse a las luchas de los gladiadores.

Llama la atención que estas gladiadoras por la causa de Cristo fueron vencidas en un terreno más íntimo. Posiblemente las rivalidades fueron causadas por diferencias de personalidad, diversidad de opiniones, diferentes estilos de liderazgo, personalidades opuestas, gustos desiguales; o tal vez porque pensaban que el color de la alfombra, el estilo de las bancas, el horario de los servicios en la iglesia, o la música tenía que ser diferente, a su manera.

¿Quién crees tú que tenía la razón, Evodia o Síntique? Podríamos tomar partido si supiéramos las causas y los motivos de las diferencias. No sabemos qué causó la división. Lo que sí sabemos, y se puede aplicar a nuestra vida diaria, es que había una solución para sus diferencias, “en el Señor”. Mi padre acostumbra decir: “Es mejor un mal arreglo que un buen pleito”.

He escuchado decir: “Mujeres juntas, solo difuntas”, pero no tiene que ser así. “En el Señor” se pueden arreglar muchas cosas. Necesitamos ser humildes, abiertas a la opinión ajena, dispuestas a aprender, listas para seguir un consejo oportuno. Podemos, por la gracia de Dios, dos, tres o más, llegar a “ser uno en Cristo”. —SS