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Coronada reina

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Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló gracia y benevolencia delante de él más que todas las demás vírgenes; y puso la corona real en su cabeza y la hizo reina en lugar de Vasti. Ester 2:17.

ESTER

La preparación de una mujer para asistir a una fiesta de cumpleaños o una boda puede tomarle unas dos o tres horas. Quizás a algunas les tome más tiempo, ya que van al salón de belleza a ponerse extensiones en el cabello, uñas postizas, maquillaje profesional y otras cosas.

La descripción de lo que cada virgen hacía antes de presentarse ante el rey Asuero es casi increíble. El tiempo invertido, la cantidad de aceites y fragancias y el hecho de que les proveyeran de lo que quisieran, pareciera el sueño inalcanzable de cualquier mujer: “Y cuando llegaba el tiempo de cada una de las doncellas para venir al rey Asuero, después de haber estado doce meses conforme a la ley acerca de las mujeres, pues así se cumplía el tiempo de sus atavíos, esto es, seis meses con óleo de mirra y seis meses con perfumes aromáticos y afeites de mujeres, entonces la doncella venía así al rey. Todo lo que ella pedía se le daba, para venir ataviada con ello desde la casa de las mujeres hasta la casa del rey” (Ester 2:12, 13).

Todas las vírgenes habían hecho lo mismo en su preparación. La Biblia indica que Ester siguió el protocolo y no hizo nada diferente. Cuando llegó la hora de acudir ante el rey, la prima de Mardoqueo hizo lo que Hegai, eunuco del rey, le indicó, y se presentó ante el rey Asuero.

El tiempo que pasaron juntos el rey y Ester, aquella huérfana que desde pequeña había sido hermosa, fue único. Ester se ganaba el favor de todos los que la veían, y el rey no fue la excepción. El monarca se esmeró en festejar a quien amó más que a todas las demás vírgenes, a una judía.

Si todas las demás vírgenes hicieron lo mismo, ¿por qué fue Ester quien ganó la corona? Porque Ester había ganado el favor del Rey del universo. Dios había visto su belleza interior. Si se lo pides, Dios te puede conceder la gracia que le dio a Ester. —LS