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Vivir sin miedo

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En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18.

ESTER

¿Qué harías si no tuvieras temor? ¿Cómo vivirías sin sentir miedo?

Sentir miedo es normal, pero permitir que el miedo nos controle es una gran limitación. Hay temores que son aparentemente superficiales, pero limitan nuestras vidas. Por ejemplo, algunas damas no asistimos a ciertas reuniones porque no tenemos quién nos acompañe. Queremos que nuestras amigas nos escuden, y le tenemos miedo al rechazo.

¿Y qué si...? La pregunta pudiera terminar con un sinnúmero de frases. El temor a recibir la respuesta no deseada nos encierra en un mundo ordinario y pequeño, y aun oscuro. Por ejemplo, quieres organizar una fiesta o alguna otra actividad, pero temes que los invitados te digan que no van a participar, así que ni les preguntas. Pero, ¿y si te dicen que sí?

Tal vez deseas ir a la universidad pero nadie te apoya, y aun se burlan de ti. Tienes miedo de fracasar y que todos lo sepan. Así que te quedas donde estás.

Si somos diagnosticadas con una enfermedad mortal, nuestra respuesta automática es el miedo. Lo mismo ocurre si el pronóstico de un ser querido es mortal. Nos volvemos muy cobardes ante la muerte. · Hay un sinfín de temores rondando por ahí.

Pero en la vida de Ester no había lugar para el temor. Con la fuerza que solo Dios puede dar y que ella pidió, Ester no tuvo miedo de enfrentar ella sola al rey, a pesar de que no había sido invitada. La sentencia para ella y para su pueblo era la muerte, pero ni siquiera esa amenaza la detuvo. Su respuesta a la posibilidad del fracaso fue “si perezco, que perezca” (Ester 4:16). Ester no hubiera podido defender a su pueblo sin depender de Dios.

Deja que Cristo desate tus cadenas de temor, y dile que te ayude a vivir como Ester. Aunque los consejeros o terapeutas pueden ayudarnos, solo el amor de Dios puede librarnos del miedo que nos impide vivir plenamente. Si le pides a Dios que su amor te cubra, podrás conquistar el miedo.

Vive con la certeza de que Dios te ama. En él eres victoriosa. —LS