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La victoria continúa

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Jehová cumplirá su propósito en mí; tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; no desampares la obra de tus manos. Salmo 138:8.

ESTER

Cuando Dios elige a alguien para un propósito específico, no se equivoca.

Le concede al ser humano la libertad de decidir si ha de seguir el plan divino o no, y cuando esa persona decide trabajar mano a mano con Dios, él le provee lo necesario para cumplir su voluntad.

Jehová tenía una misión para Ester y ella la aceptó. Dios le dio gracia ante los ojos del rey Asuero aun antes de que ella la necesitara para salvar a su pueblo. Y llegado el momento, Ester decidió ser parte del equipo de rescate divino, y la misericordia de Dios no la abandonó. Ester era sagaz y valiente. Confiaba en que Dios puede manifestar sus maravillas por medio de un ser humano.

Pareciera que la historia de esta heroína termina después de que el rey Asuero le concede su petición, pero hay un epílogo.

Dios no se marchó después de que su pueblo estuvo a salvo. Quien la había llamado para esta misión única en su género continuaba con Ester. La gracia y la misericordia divina caminaban junto a ella después de que se decretara y se promulgara el edicto a favor de los judíos. El mismo día en el que Ester declaró su petición al rey Asuero, “se quitó el rey el anillo que recogió de Amán, y lo dio a Mardoqueo. Y Ester puso a Mardoqueo sobre la casa de Amán” (Ester 8:2).

Quizá haya momentos en los que pensamos que Dios ya no está presente en nuestras vidas. Es en esos momentos que debemos recordar que cuando Dios da gracia y misericordia, no es solo a fin de bendecirnos para un evento aislado.

Jamás debemos olvidar que el mismo Dios que interviene en las victorias aparentemente pequeñas actúa en las victorias que a nuestro juicio son mayores. Ester salvó la vida muchas personas, pero también bendijo a su primo Mardoqueo. Dios quiere bendecir cada aspecto de nuestra vida, y también a nuestra familia.

Dios dirige el despacho de milagros, y para él no hay peticiones grandes o pequeñas. Cuando sientas o pienses que la vida es una sucesión de derrotas, recuerda que Dios es victorioso siempre. —LS