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La devoción

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Abraham tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura, la cual le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Génesis 25:1, 2.

CETURA

La tristeza invadió el campamento de Abraham. Sara había muerto. El patriarca estaba solo. Hacía mucho que Agar, la otra esposa, había huido al desierto de Madián.

Al poco tiempo Abraham casó a su hijo Isaac con Rebeca, y así lo consoló. Y él se consoló con Cetura.

De pronto el anciano patriarca se vio entibiado por el amor de una mujer, ¡y por un bullicio inesperado! Con Cetura tuvo seis hijos: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa. Se cumplía la promesa de que sus hijos serían incontables, y de que Dios lo socorrería siempre (ver Génesis 12).

Cetura fue la joven que cuidó con un amor casi maternal a su esposo otoñal. Fue el último regalo de la gracia divina para el patriarca senil. Por la gracia de Dios, Abraham recibió de ella una efusión de romanticismo primaveral y una manifestación de devoción.

Varios siglos después, Abisag, una virgen sunamita, entibió con su cuerpo y sirvió con manos generosas al anciano rey David. “Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba. Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey. Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey. Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció” (1 Reyes 1:1-4).

Aunque este tipo de relación no es frecuente, Dios también bendice a las mujeres jóvenes que se casan con hombres mayores y los atienden con devoción.

Tal vez usted es una Cetura o una Abisag. Disfrute su insólita experiencia, goce su ministerio de abnegación, y escriba una nueva historia de amor. -LC