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Amargada por el dolor

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Su esposa le reprochó: —¿Todavía mantienes firme tu integridad? ¡Maldice a Dios y muérete! Job 2:9 (NVI).

LA ESPOSA DE JOB

Aunque la Biblia solo registra dos frases de ella, eso basta para describir su carácter.

Pareciera que esta esposa no merecía ser llamada por su nombre, o tal vez Moisés no escribió su nombre para proteger su reputación, pues lo que dijo no fue grato.

Así como el enemigo se valió de Eva para hacer caer a Adán, usó a la mujer de Job para inducirlo a maldecir a Dios.

Desde el inicio de la prueba, el ángel caído quiso inducir a Job a insultar a Dios, pero ni la pérdida de sus riquezas, ni la muerte de sus hijos, ni siquiera su terrible enfermedad lo llevaron a maldecir a su Señor. Pero a Satanás aún le quedaba un arma secreta: la esposa. Ella le daría la estocada final.

Pareciera que cuando terminó de sepultar a sus diez hijos muertos el mismo día, cuando recogió la última vasija que sobrevivió al derrumbe de su casa, cuando tomó conciencia de que la única ropa que tenía era la que traía puesta, la mujer se rindió, y dijo presa de mortal depresión: “Yo sé que es necesario que seamos probados, pero creo que esto ya superó el límite. He perdido todo, además tengo que soportar a este hombre que quiere seguir apostando por ser integro. ¿De qué le ha valido tanta honradez! ¡Job, mejor maldice al Dios que te ha hecho esto, y muérete!”

Pero esta dama del dolor, de la ruina y de la amargura, no arrancó de la lengua fiel de su esposo ni una maldición. Aun así, se quedó a su lado para seguir probándolo, pues Job dijo a la mitad de su lamento: “A mi esposa le da asco mi aliento" (Job 19:17, NVI).

Y pensar que abundan las mujeres que hablan a sus maridos palabras de desaliento, de renuncia, de apostasía. Tú, no seas así. En la prosperidad y en la adversidad, mantén tus convicciones. Si nada trajiste el día que naciste, todo lo que tienes es ganancia. Un esposo fiel es ganancia, un Dios que te acompaña en el valle de sombra, es la mejor ganancia. No te rindas. El bien siempre vence al mal. El mal es la muerte, pero el bien es la vida. –LC