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La bella, la bestia y el príncipe - 1

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Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Proverbios 31:10.

ABIGAIL

Abigail se casó con un necio. Más bien la casaron. Ella era dulce y piadosa, bella e inteligente. Él era un monstruo... un monstruo muy rico. Ella no quería casarse con él, pero así lo decidieron sus padres. Ella soñaba, tal como la sunamita del Cantar de los cantares, con un joven romántico, gallardo y varonil. Nabal era todo lo contrario: su nombre significa “necio".

La noche de bodas Abigail lloró. Y siguió llorando, deshojando la vida día a día.

Un día llegaron extraños a Carmel, la hacienda de Nabal. Tres mil cabras y mil ovejas triscaban en el campo, y sin embargo, esos seiscientos fugitivos no intimidaron a los pastores ni menguaron los rebaños. Esos guerrilleros eran seguidores de un tal David.

Cuando llegó el tiempo de la esquila, tiempo de compartir, viendo que se agotaban los víveres, David pidió ayuda a Nabal. Había protegido a sus pastores y rebaños, y ahora dependía de su gratitud. Diez hombres bajaron la colina y hablaron con el hacendado. Esta era su petición: “Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes. He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores han estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó nada en todo el tiempo que han estado en Carmel. Pregunta a tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David” (2 Samuel 25:6-8).

Mientras escuchaba, el rostro del rico se iba enrojeciendo. Al fin, su ronco pecho emitió un rugido: "¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores. ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y darla a hombres que no sé de dónde son?" (vers. 10, 11).

Abigail no está sola en el drama del matrimonio disfuncional. Hay muchas esposas que tiene un marido falto de sabiduría, de nobleza y de dominio propio. Oremos hoy por esas mujeres, cuya carga las agobia y les roba el gozo de vivir. -LC