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El drama de la mujer deslumbrante - 2

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Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido. 2 Samuel 11:26.

BETSABÉ

Cuando a David le informaron que la mujer que se le antojó era casada, debió olvidarse de ella. Y ella debió resistirse. Pero no lo hizo. La lev estaba de su parte, pero ella cedió.

Ahora tenían un gran problema. No pensaron en abortar, y ¡qué bueno!

David ordenó que trajeran a Urías desde Moab, el país vecino al este del Jordán, donde estaba peleando por él, y lo mandó a su casa para que durmiera con Betsabé, y luego creyera que el hijo de David era suyo.

Pero Urías durmió a las puertas del palacio. Mientras los compañeros de armas arriesgaban la vida en el campo y el arca de Dios reposaba en una tienda, un soldado no podía dormir en su casa.

Cuando David se enteró de que Urías no había ido a su casa, palideció. Mandó llamar a Urías y lo trató como a un príncipe. Luego de embriagarlo le susurró al oído: “Ve a tu casa y descansa. Betsabé te está esperando". Pero Urías no fue.

Al otro día, David preguntó a sus siervos por Urías. Cuando se enteró que no le había obedecido, decidió eliminar a este leal soldado, fiel servidor y héroe de guerra (ver 2 Samuel 23:8,39). Garabateó un mensaje para el capitán Joab, su sobrino y jefe del ejército, ¿y con quien crees que lo mandó?, con Urías, quien se apresuró a servir a su rey. El mensaje decía: “Poned a Urías al frente, en lo más recio de la batalla, y retiraos de él, para que sea herido y muera” (2 Samuel 11:15).

Por esa mujer deslumbrante David había descendido al abismo de la infamia.

Joab cumplió la orden. Mandó al frente a Urías y luego ordenó que lo dejaran solo. Urías murió en combate. Resuelto el problema, David dejó pasar los días del luto y se casó con Betsabé. Los adúlteros dormían juntos en cojines reales, pero les faltaba la mejor almohada, la conciencia limpia.

Si eres casada y asediada por un seductor, huye de él como de la lepra y el sida. No peques contra tu cuerpo, el templo del Espíritu Santo. No peques contra tu esposo, el que es una carne contigo. No peques contra Dios. -LC